248 - GRATUIDAD

 

 

1- Dar más de lo que se recibe.

 

Desnudo voy al encuentro del Amor, desprovisto de equipaje. Mi alma anhela llenarse de Dios, vaciarse de bienes que Él me da, regalos inmerecidos que procuro dar a mis hermanos en mayor abundancia, porque... dar mas de lo que se recibe, esta es la justa reciprocidad hacia quien por voluntad propia nos ha dado todo.

 

Si un seguidor de Cristo Jesús recibe mas de lo que da, es para preocupar; y no me refiero solo a bienes materiales, todo va incluido: servicios, desvelos, ayudas, dedicación, compañía, comprensión, apoyo, amistad, seguridad, disponibilidad..., lo que Jesús nos ha dado y nos da como muestra de su amor.

 

A Dios es imposible devolverle ni una mínima parte de lo que nos da, pero a nuestros hermanos los hombres y mujeres podemos darles en abundancia, pues somos ricos por lo mucho que recibimos; no debemos hacer como el de la parábola de ‘los talentos’ que enterró el suyo por miedo a perderlo. ¿Cuantos cuidan su vida en exceso, porque no quieren perderla, y al final la pierden para siempre?

 

2- Dar sin esperar nada a cambio.

 

El mundo sería distinto si nos excediéramos unos con otros, pues las personas estamos hechas para dar y recibir, somos felices cuando damos, aunque no seamos conscientes de que recibimos ante todo el bien que hacemos. Esta actitud nos acercaría al mundo que Dios ha pensado para nosotros: Todos volcados en servicio a los demás por amor al Padre y Hacedor de todo, pues como dice la Madre Teresa: “…el amor en acción es servicio”.

 

Dar sin esperar nada a cambio. Más aun, sentirnos afortunados cuando damos a los pobres porque no nos pueden devolver nada material; ellos nos abren a la ‘gratuidad’, una palabra desconcertante para muchos, porque no saben que está implícitamente unida a nuestra naturaleza humana, que es un signo de su trascendencia.

 

¿A que profesional competente no le gustaría prestar un servicio sin tener que cobrar por ello, solo por la satisfacción de ayudar a un semejante? Este mundo mercantilista nos pone dificultades, lo desea imposible: el servicio a los demás es una mercancía que se compra y se vende…, no está bien visto trabajar sin cobrar, es competencia desleal.

 

Pero… estoy por afirmar que en un principio no era así. La naturaleza caída se ha rebajado hasta un sinsentido egoísta, hasta un aburguesamiento insensible que domina nuestra sociedad, que priva de lo mas necesario para vivir a quien no puede devolver la prestación recibida -se presta a cambio de..., no se dona pues no es donación, es prestación-.

 

3- Donación como servicio.

 

En su verdadero sentido, la profesión, todo oficio competente, es un servicio a los demás, por delante de la contraprestación a que pueda dar lugar, por cuanto el don que posibilita ese servicio es recibido gratuitamente y sin interés. Dios concede dones diferentes a personas diferentes porque nos conoce como nadie. Nuestras aptitudes, nuestra voluntad…, nadie es igual, todos somos semejantes pero diferentes.

 

¿Y qué dones son estos? Unas maravillosas manos, un tesón envidiable para mejorar su buen hacer ha recibido el fontanero al que acudimos porque... nos soluciona esos problemillas domésticos que somos incapaces de resolver. Unos por otros, otros por unos hacemos una vida digna de ser vivida.

 

“Las personas son las principales riquezas de los pueblos”, nos dice Benedicto XVI, “…el don es recíproco”, somos piezas de un mismo mecanismo, todas necesarias, conectadas entre sí y unidas en conseguir un único objetivo: nuestra felicidad, caminando por las sendas de este mundo hacia una promesa de paz y eternidad.

 

4- Camino hacia la gratuidad.

 

Esto no se puede imponer desde las instituciones, se infiltra la corrupción y el final sería peor que el presente. El insaciable afán de acaparamiento y exclusivismo de muchos, imposibilita poder dedicar nuestro tiempo y esmero a quien verdaderamente lo necesita.

 

¿Necesitan una vivienda quienes no tienen techo donde cobijarse con sus hijos? Si. ¿Necesitan una tercera vivienda quienes ya tienen dos? No.

 

Estamos empeñados en volver a crear este mundo con nuestros medios tecnológicos que tanto nos deslumbran, con ello nos despreciamos a nosotros mismos, nos degradamos a condiciones irracionales, nos sustituimos por máquinas que no piensan, destruimos nuestro humanismo tan arduamente logrado.

 

La gratuidad nos lleva a humanizar la realidad que vivimos, a utilizar aquellos medios que sabemos no están manipulados, a buscar en todo no la rentabilidad económica que el mundo nos exige, sino la rentabilidad humana.

 

Nos lleva a no apropiarnos de lo que Dios nos da gratuitamente, mas que lo estrictamente necesario para nuestra supervivencia, a ayudar a distribuir estos bienes entre los demás, a crear un mundo justo que no acapare sin necesidad, por lucro propio individual y egoísta. Un bello amanecer que no añade nada a cuanto existe pero todo lo cambia.

 

5- El don gratuito.

 

No hablo de la ‘economía de la gratuidad’, sino del ‘don gratuito’ de uno mismo a Dios y a los demás. De lo primero no entiendo…, he leído que “las hordas consumidoras del siglo XXI succionan todo lo que sea gratis”, y me pone los pelos de punta.

 

Solo un vuelco radical en nuestros corazones puede hacer desaparecer la oscuridad con ese bello amanecer que todo lo cambia.

 

Sé de una persona que en sus tiempos libres nunca negó ayuda a nadie en obras de albañilería, en las que era ‘un manitas’…, sin cobrar nunca nada. Llegaron tiempos difíciles, se fue al paro y no podía sostener a su familia. Me han comentado que nunca le faltó nada. ¿No es esto una respuesta lógica, muy humana, que sale de nuestro interior sin forzar nada nuestra naturaleza?

 

Ponchi Zabala, médico de un pueblo de Vizcaya, tenía largas colas de gente en su consulta diaria, a todos recibía, dedicándoles el tiempo necesario, sin prisas…, solo cobraba si podían pagar, muy pocos, pero suficiente. Su fantástica clientela: vagabundos, inmigrantes, pobres, ancianos con pocos recursos… le recompensaban con creces.

 

Mi padre, maestro con muchos años de dedicación en un pueblo de la Asturias de la posguerra, no negó ninguna clase de apoyo a niños que necesitaban esa ayuda. Las impartía en su casa al salir de la escuela, mi madre le ayudaba; no era importante que sus padres pudieran pagárselas, el niño las necesitaba. Recuerdo con agrado la cantidad de productos del campo que inundaban nuestra casa el día del maestro (San José de Calasanz): gallinas, conejos, huevos, manzanas, castañas, nueces, un sin fin de agradecimientos de gente sencilla.

 

Son tres pinceladas de magníficas obras de arte…, millones de personas actuando así, por convicción, pasando desapercibidas.

 

¿Que son engañadas muchas veces? “Prefiero ser engañado a dudar de nadie sin datos fundados”, me decía mi padre. Jesús conocía hasta en lo más íntimo a Judas, y se dejó engañar, una y mil veces, hasta el final, con la esperanza de una conversión que no llegó. No pierde el engañado, quien engaña solo se engaña a si mismo.

 

6- Lo propio puede ser común.

 

“…todo lo propio que puede ser común debe ser común. Sólo una cosa no debería serlo: la personalidad, que debe mantener intacta su independencia.” (Romano Guardini)

 

Porque las personas no debemos ser consideradas como meros medios de producción, utilitarismo interesado, sino como artífices del bien común. Estamos mas cerca de conseguirlo cuando nos damos a nosotros mismos, orientando nuestro trabajo como servicio a otros, evitando el consumismo en nuestras familias, sustituyéndolo por auténtica educación en valores humanos, utilizando nuestro tiempo libre en múltiples formas de voluntariado, asociacionismo y planes de ayuda a los desfavorecidos… El campo es inmenso

 

7- La ayuda que necesitamos.

 

Si queremos, lograremos el mundo que deseamos, porque Dios lo ha puesto en nuestras manos, en nuestro corazón. Pero no acudimos a El, y si acudimos no se lo pedimos, pedimos según nuestras miras, no según las suyas, y... Él siempre desea complacernos, aunque sea en cosas muy menudas... En Hechos, 3 se narra un pasaje esclarecedor:

 

“Cuando el cojo vio a Pedro y a Juan, que estaban a punto de entrar en el templo, les pidió una limosna.  Ellos le vieron, y Pedro le dijo:

–Míranos.

 El hombre puso atención, creyendo que iban a darle algo, pero Pedro le dijo:

–No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.”

 

Seguro que tanto Pedro como Juan buscaron y rebuscaron en los bolsillos y la bolsa para complacer al pobre cojo…, unas monedas, pero… ¡nada!, ni una… ¿llevas tú? le pregunta Pedro a Juan ¡ni gota!, ¡pobre hombre! La cara de decepción del cojo les llegaba al corazón. ¡Mal día llevo!, se lamenta.

 

De llevar una moneda encima, el cojo…, se habría quedado cojo para toda la vida. Esa es nuestra aspiración, no nos damos cuenta del mundo que habitamos, de su potencialidad y de lo que Dios espera que le pidamos: volar como las águilas.

 

No nos da oro ni plata, sino algo mucho mejor que solo El puede conceder: nos enseña a vivir la gratuidad, desprendidos de los bienes materiales y saboreando los espirituales, los que nunca envejecen porque gozan de eterna juventud.

 

Nuestro mundo mejoraría ostensiblemente, nuestra felicidad inundaría las calles, podríamos reducir el cambio climático que nos acosa por nuestro consumismo exacerbado, un consumismo que... no hace feliz a nadie.

 

¿Como? Actuando como seres racionales con cuerpo material y un espíritu inmaterial que da vida muy superior a la simple vida animada; y una vida debe dominar la otra, por... coherencia.

 

8- Comunidad pluricultural

 

Las diferentes culturas de este mundo globalizado están enraizadas en la sabiduría terrenal, reciben la luz, el calor y la lluvia del soplo divino que de diversas formas las hace crecer. Aportan el saber, la ciencia, la interpretación de la historia, distintas formas de vida, la tecnología, la filosofía y la teología.

 

Todas las culturas tienen su experiencia de relación con la divinidad. Todas aportan esencias a la vida, la enriquecen, le dan sentido. No debemos despreciar unas culturas y encumbrar otras, sino, descubrir los valores profundos que cada una conlleva porque son una inestimable ayuda en aras a lograr el bien común.

 

En Isaías 48,17, se lee "yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues...", nos guía en el camino que hemos elegido cada uno, está en nuestras manos un mundo mejor, siempre tendremos la ayuda de lo alto, de mil maneras que... pasan desapercibidas, pero sus efectos están ahí.

 

Quiero decir con esto que un esfuerzo decidido de nuestra voluntad colectiva hacia la mejora del bien común, seria decisivo. ¿Que cultura no comprendería una extensa gratuidad como fruto de la eliminación del despilfarro? La gratuidad en una amplia comunidad pluricultural está al alcance de nuestras manos.

 

Todas las culturas, razas, lenguas y naciones comprendemos la acción del Espíritu de Dios a través de la Madre Teresa; todos comprendemos el impulso divino en acciones sociales como ‘el Banco de los Pobres’; todos comprendemos la tremenda fuerza solidaria de ONGs en llevar comida, calor y medios a los lugares mas recónditos, no a cambio de oro ni plata…, basta con una sonrisa; todos compartiendo y mejorando la suerte de los desfavorecidos de este mundo.

 

Y esto es una avalancha, porque no estamos conformes con el mundo que hemos creado y queremos cambiarlo.

 

9- Vivir la paz del auténtico humanismo

 

¿Se oponen los intereses económicos? Claman al cielo las guerras que originan estos intereses… ¿nuestra seguridad individual y colectiva exige esa irracionalidad?

 

En el actual mundo globalizado es posible estableces una interculturalidad basada en el respeto a la diversidad y el enriquecimiento mutuo. Es posible encontrar la paz en la gratuidad de los bienes básicos, tenemos suficiente potencial económico y de organización de la producción como para intentarlo. No es para menos si pretendemos vivir el humanismo que la dignidad recibida de Dios nos ofrece.

 

Cubrir nuestras mínimas necesidades básicas, acceder a la sanidad y a la educación, libertad y respeto a nuestras creencias y formas de vida, potenciando lo bueno de cada una pues no en vano colaboran a la paz y el bien común, favoreciendo un estado subsidiario donde primen las personas sobre ideologías impersonales.

 

Es necesario un manual de uso y mantenimiento del medio natural que hemos recibido para vivir, que reconduzca la utilización de recursos y su transformación para el bien de todos una vez obtenido un adecuado beneficio por el hecho emprendedor de la empresa que lo gestiona. Los bienes naturales se utilizan, se transforman, se cuidan como uno cuida su propia familia, su propia casa, pues este mundo es el único que tenemos y el que heredarán nuestros hijos. Nada sobra, hay para todos, y los más activos tienen derecho a un plus razonable para su libre utilización.

 

Porque la paz del espíritu está por encima de necesidades básicas, y lucrarse con estas necesidades es inmoral, acaparar es inhumano porque desequilibra la distribución del… aire que respiramos.

 

10- ¿Quién lidera este cambio?

 

Cuestión ardua cuando del bien de todos se trata. No es de fiar una sociedad tecnificada pero que elimina a sus miembros mas débiles e indefensos, se la mira con recelo, no tiene credibilidad para liderar una revolución ética y moral, que incluye a todos, que cuenta con todos, solidarios por una misma causa.

 

Otras culturas menos tecnificadas la superan en fuerza vital y voluntad de ayuda mutua, sin discriminación; la superan en renuncia al confort materialista y hedonista por el bien espiritual.

 

Sin embargo la sociedad occidental puede hacer mucho por este mundo, puede recapacitar sobre sus logros y sacar consecuencias, sin despreciar el espíritu que le permitió evolucionar en valores humanos, en ciencia, justicia y libertad.

 

El sabio que calce las sandalias del Pescador y se ponga al frente, sin equipaje, pues nada necesita ni le faltará…, a ese le seguiremos.

 

 

Roberto Sola Castaño

12-12-09