225- LA  NIÑA Y EL BUITRE

 

La niña sudanesa se moría de hambre, el buitre aguardaba el momento... Kevin, fotógrafo de profesión, gana el premio Pulitzer por esta instantánea que sensibilizó al mundo entero, pero se suicida a los tres meses...

 

“Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”

 

           

 

 

Efectivamente, Kevin esperó 20 minutos a que se moviera el buitre para sacar una mejor instantánea y... aburrido de esperar, se fue.

 

Tarde le llegó el remordimiento, tarde para el, tarde para la niña.

 

Nuestra sensibilidad queda marcada de forma irreparable por la muerte de un inocente cuando hemos podido evitarla. Es brutal esta imagen, son brutales otras muchas que todos tenemos en nuestra mente de niños mas pequeños que este, troceados y tirados a la basura por el desprecio de unos buitres torturadores que engañan a madres indefensas dejando de prestarles una ayuda similar a la que esta niña necesitaba...

 

Cuando se ama la vida tan brutales son unas muertes como otras. Todos son el mismo caso, cuestión de tamaño, de lugar, de circunstancia. No presento imágenes, son espeluznantes, la vergüenza del ser humano inhumano que se destruye a si mismo. En esta imagen al buitre aun no ha comenzado la carnicería, en las otras ya está consumada... me niego a contemplarlas y a que se contemplen en mi web.

 

Nuestra propia naturaleza se violenta hasta la ruptura cuando despreciamos la vida de un inocente indefenso, nacido, no nacido, no concebido..., pero Dios repara nuestras culpas, a todos los recibe en su regazo porque todos están en su corazón y en su mente... desde siempre. Y por delante los niños de ellos es el reino de los cielos...”

 

El drama no está en los inocentes a los que Dios acoge de la forma más humanamente cariñosa y tierna que aquí no hemos querido darles. El drama es que no estamos todos los que somos para Dios, pues Dios nos ha creado y nos ha querido desde la eternidad, ‘por nosotros mismos’, por cada uno, y muchas veces, demasiadas, le negamos esa felicidad porque no somos capaces de dar vida, de recrear a los que Él ama y espera.

 

Negamos a Dios su derecho a darse en una completa y eterna felicidad a todos sus hijos e hijas, por pura mezquindad humana. Muchos vienen detrás de nosotros, tienen como nosotros derecho a nacer a este mundo, pero no les dejamos. Damos más valor a un capricho material intrascendente que a la propia vida, que recompensa infinitamente más. Utilizamos ingentes recursos para asuntos mezquinos y se los negamos a nuestros hijos que vienen y necesitan nuestra ayuda, porque... nos estorban, estorban nuestro cómodo aburguesamiento irreflexivo, nuestra cobarde existencia.

 

Dios hace justicia y los despreciados por nuestra intransigencia serán nuestros jueces. Esta niña ha juzgado a Kevin... y, estoy seguro..., le ha perdonado.