196 - SE COMÍAN EL MUNDO

La Iglesia está fundada sobre los doce apóstoles, elegidos por Dios. No eran sabios, eran personas rudas, incultas -apenas sabían leer-, cobardes... pero con un gran corazón. Dios se apoya en ellos para fundar su Iglesia, confundiendo a los que se creen sabios, escándalo de los satisfechos y autosuficientes. Solo uno se pierde, los demás tiran adelante y Jesús, apoyado en su fidelidad, les hace conquistar el mundo entero.

 

La fidelidad a nuestra misión -hacer felices a los que tenemos al lado, luchar por ser mejores personas, mas eficaces para Dios...- hace que Dios se desborde en frutos buenos y sabrosos, desplazando el mal que nos encadena. Como una suave lluvia benéfica, Jesús, con nuestra fidelidad, extiende sus dones contra los que nada puede el maligno.

 

Fidelidad en las cosas más prosaicas, sin pensar que nada podemos, pues a nuestro esfuerzo se une el de Jesús. Es como si un niño pequeño se suma al tiro en una ‘sokatira’ de hombres fornidos, vencen, le suben a hombros, y le coronan ‘txapeldun’, el niño se siente feliz aunque su fuerza sea insignificante, él ha podido con todos.

 

Los apóstoles han podido con el mundo porque llevaban a Jesús dentro, lo tenían en el Sagrario, hacían piña con Él, abrían el corazón de las gentes al Amor y el Espíritu de Dios les inundaba con sus dones, se comían el mundo con la fuerza del niño pequeño, balbuceante, enclenque, pero feliz y... ‘txapeldun’.