195 - NUESTRA INCONSTANCIA

¿Ahora creéis? está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os dispersaréis cada cual por su lado y me dejaréis solo” (Jn 16, 31).   En unas horas le negaron. La condición humana es así de ruin. No somos constantes en nuestros propósitos ni fieles a nuestros compromisos.

 

 

Nuestra falta de correspondencia a ti, Señor,

no es justificable.

Nuestro amor es pequeño,

diminuto comparado con el que Tú nos tienes.

 

El mundo nos distrae de ti,

pero esta distracción se torna en doble esfuerzo

para no alejarnos de ti.

 

Una y mil veces nos apartamos del camino

y otras tantas volvemos,

con tu ayuda,

y con más humildad.

 

Es la manera de ganar en fortaleza ante el mal que nos rodea,

y de estar cada vez mas unidos a ti.

 

 

Necesitamos ese gesto de humildad continuo para reconocernos nada sin su ayuda, la de un Dios que ha vencido al mal y nos tiende la mano. Adán y Eva tenían todos los dones, toda la fortaleza para vencer pero la han despreciado, su falta de amor desató la Ira de Dios, nos separó de Él, nuestro Hacedor, nuestro… todo, porque sin Él no existimos. El amor de María obtuvo su perdón y fuimos redimidos de nuestro destierro. Solo el desamor nos separa de Dios, solo el amor nos salva.

 

Somos libres para elegir el camino de la constancia, de la lealtad en el barco que nunca va a ser hundido, su Iglesia Santa. Aunque navegue en medio de tempestades, mantiene el rumbo ciñendo fuerte, sacando el máximo provecho de un viento contrario, rolante y en rachas. Nuestras flaquezas son muchas y aumentan los temores, pero como san Pablo en mitad de la tormenta, mantenemos la esperanza de que nadie de los destinados a la gloria de Dios se pierda.

 

¿Ahora creéis?... pronto me negaréis, viene a decir el Señor, con tristeza. Somos inconsecuentes, consciente o inconscientemente. Apasionados por la vida, no percibimos las vibraciones del espíritu porque esta pasión por vivir nos pierde, nos hace olvidar a Dios, nuestro Creador, y abrazar al mundo, su creación.

 

Quizás cuando nos encontremos cara a cara con Dios, exclamemos desconsolados: ¡si te hubiera conocido...!

 

Los apasionados tienen una oportunidad, pues la pasión les ciega y quizás por eso no le han conocido aun. Jesús alaba esa misma pasión en Pedro, pasión al estilo de  Pablo, frío y caliente.

 

Los tibios no tienen oportunidad, son incapaces de amar, están al sol que mas calienta y Dios ‘les escupe de su boca’. No conocen el amor aunque intenten imitarlo, ni siquiera el desamor, que da opciones a recapacitar y reaccionar compungidos, abriendo el camino hacia el verdadero amor.

 

Borrón y cuenta nueva. El borrón ya no podemos quitarlo, pero Dios si…, y desaparece por completo. Vida nueva, a recomenzar, por detrás solo quedan los buenos recuerdos y lecciones aprendidas, tenemos un mundo de amor por delante, aunque de vez en cuando volvamos la vista y nos peguemos grandes batacazos, Jesús nos vuelve a levantar. Somos así, cabezotas incorregibles…