192 - ¿Triste porque no comprendo a Dios?
 

¿Triste el día porque es lluvioso?

 

No, son los cuidados de Dios, jardinero y labrador que riega el campo sediento. Es amor de padre cuidar de sus hijos.

 

¿Triste porque esa persona me hace daño?

 

No, Dios la ha puesto a mi lado y le ha permitido esas acciones que a mi me perjudican.

 

¿Me perjudican?

 

No lo se, solo Dios sabe, y a Él me tengo que quejar, esa persona no merece mis odios, solo es un instrumento, no es plenamente consciente de las consecuencias de sus actos y no sabe el bien que puede hacerme ese mal aparente, ni él ni yo, solo Dios… todo lo que hace o permite es para bien, aunque no me llegue a percatar de ello hasta la otra vida.

 

¿Triste porque mi hijo apenas me habla?

 

No, feliz porque en un año me ha visitado una vez y me ha telefoneado tres. Todo puede ser mejorable y un paso adelante en nuestra relación es una tremenda alegría, una caricia de Dios.

 

¿Triste porque he vuelto a sufrir otra dura prueba?

 

No, pero siempre me quejo a Dios por las dificultades, sufrimientos y dramas que me envía, es mi Padre y me conforta. Solo Él sabe por qué y para qué ocurren. Solo Dios sabe por qué se tienen que morir de hambre tantos inocentes, por qué no nacen tantos niños a los que Él ha dado el don de la vida, por qué tantas injusticias… Jesús se quejó amargamente al Padre en Getsemaní, un lamento de Hijo arrancó el más tierno silencio de Padre.

 

¿Triste porque no comprendo a Dios?

 

La visión del mundo que tiene el Creador y Hacedor de todo es diferente a la que tenemos las criaturas, por eso... solo la fe nos libera de estas tremendas dudas. Él sabe infinitamente más que nosotros. Él es nuestra paz y nuestra esperanza, y aunque yo sienta odio hacia algunas personas, no quiero odiar, no quiero porque Dios derrama bienes de múltiples maneras y es injusto que una criatura juzgue las acciones de un Padre todo amor.

 

Somos cada uno reflejo de Jesús, y cuanto mas intento identificarme con Él, mas creo comprender su amor por nosotros, mas seguro estoy que es Él quien actúa en cada uno. Por eso no veo a mi amigo, a mi enemigo como tales, los veo como al mismo Jesús que saca bien del abundante mal, veo al hombre como mediador entre Dios y el hombre, veo al hombre como la salvación del hombre, veo a Dios humanizado desde que Cristo Jesús se encarnó como nosotros.

 

Todo ha cambiado, Dios ha entrado en su casa, nuestros corazones cuando se los abrimos de par en par, Dios ha entrado en nuestras acciones que, aunque perversas, producen efectos impensables, aunque dramáticas, producen agradables frutos, aromas que suben y enternecen a la misma Divinidad.

 

No comprendo a Dios pero respiro su influjo y… me atrae irresistiblemente.