188 - ¿DONDE ESTÁN LOS NO NACIDOS?

Señor,

 

¿Dónde están?

 

¿Dónde están aquellas personas que siempre has tenido en tu pensamiento, desde toda la eternidad, y no han nacido porque nosotros, míseros engreídos, no hemos querido colaborar contigo?

 

Me vienen a la mente y al corazón, han ocupado un pequeño lugar en tu infinito amor y… estoy seguro, no te has olvidado de ellas para siempre, en algún sitio las mantienes presentes, existen, participan de ti, de alguna manera son algo tuyo que nunca abandonarás.

 

¿Cuantos son, Señor?, ¿miríadas de miríadas? Para tu infinito poder y bondad paternal, eso no es nada...

 

¿Cuantos son, Señor?

 

No espero una respuesta, sé la respuesta y con eso me basta: son tantos como caben en tu corazón, y... eso escapa a nuestra corta y mezquina inteligencia.

 

Nos has dado poder para hacer el bien y para secundar el mal. Pero eres infinitamente misericordioso y, seguro, pones remedio a nuestras locuras. Hemos tenido la dicha de adquirir corporeidad, para, junto con nuestro espíritu poder subir hasta alcanzar tu Gloria o caer en los abismos del mal.

 

Tenemos la dicha de poder elegir amarte para siempre con un corazón que quiere ser como el tuyo, de amar a las criaturas porque “lo que hagáis con cada uno de mis pequeños hermanos, conmigo lo hacéis”, nos has dicho, y…

 

¿Donde están, Señor, los que hemos privado de estos dones? Porque los que habiendo adquirido cuerpo carnal, son eliminados del útero materno por el egoísmo humano, esos participan de nuestros escasos merecimientos, y por tu gran bondad son redimidos en la Cruz, rescatados del mal aunque les hayamos quitado la voz para dirigirse a ti. Pero… ¿los demás, miríadas de miríadas, multitudes como los Ángeles del Cielo?

 

No hay limites... nada tiene limites para ti, solo los limites que te impone nuestra libertad, tu lo has querido así porque eres justo y respetuoso con los que tenemos la posibilidad de amarte por nuestro propio querer, de pedirte y suplicarte que te acuerdes de todos, que no te olvides de nadie.

 

De pedirte por los que no han tenido la dicha de merecer ante ti, Señor, de alguna manera tu justicia y tu bondad les abarca. Maravilloso misterio de fe... los teólogos tienen la palabra.