177 - EL ESTADO DE INFELICIDAD

El estado de infelicidad nos acecha, llega cuando uno se encuentra consigo mismo y no puede amar a nadie porque está solo, incapaz de abrir las puertas a la felicidad.

 

Las abre hacia él mismo y se resiste a abrirlas hacia afuera para que salga el ‘yo’ y entre el ‘tu’, para vaciarse de si mismo, de su ‘yo’, y dar entrada al amor… que espera, siempre espera, siempre llama, y cuando la puerta está cerrada se sienta a esperar y sigue llamando. No cesa.

 

A veces no se le abre al amor porque no tiene sitio en nosotros, tan llenos de cosas, y si se abriera estas cosas saldrían y… no nos interesa: Nos consideramos felices con ellas, no necesitamos más, nuestros acomodamientos son intocables, nuestro propio interés también, somos el rey de nuestro pequeño y mezquino mundo, pero…, en él no existe el amor por muchos sucedáneos que tengamos.

 

Vivimos en un permanente estado de infelicidad porque acallamos la voz de su portador que nos llama insistentemente. No queremos que entre, no queremos que altere nuestra vida.

 

El principio vital del ser humano es el alma, el principio vital del alma es el amor, participación del Amor de Dios que se nos dona según nuestra capacidad de amar. El dolor mas terrible es vivir sin amor, vivir sin la fuente del amor que es Dios, fin supremo, nuestro único valedor, al que suplimos por un fin inferior, y de esta forma pasamos a estar en la ley de la selva: morir sin morir, vivir sin vivir, la infelicidad mas absoluta.

 

Pero… no hay que desesperar, estamos a tiempo, tenemos que recapacitar y buscar nuestros auténticos tesoros: El don de la vida, el don de la fe, el don del amor, tres grandísimos tesoros recibidos no sin nuestra colaboración, inmerecidamente, porque Dios es esplendido.

 

La vida para caminar, la fe para saber elegir el camino, y el amor para no desfallecer antes de llegar al abrazo del Amado, a la felicidad.