174 - HÉROES AGRADECIDOS
 

Hoy he contemplado una imagen que honra y ennoblece a su protagonista, el ciclista Carlos Sastre: llega triunfador a la meta de París, emocionado, con lagrimas en los ojos se santigua y mirando hacia lo alto señala al cielo con su dedo índice. Después de muchos años de esfuerzo había conseguido la victoria soñada que le consagra como uno de los grandes… y se la ofrece a Dios, y expresa que todo el mérito es de Dios señalándole en actitud de agradecimiento.

 

Es la humildad del genio que sabe recibido su don de lo alto, que pone todo su esfuerzo para hacer rendir esa gracia recibida, y en noble reciprocidad así lo expresa en un tú a tú, él y Dios, los dos solos aunque millones de teleespectadores contemplen su acción, eso no resta intimidad. Instante de gloria, de consagración de toda una vida deportiva, de premio a una labor realizada con tesón, sufrimiento, constancia, alegrías y amarguras, incomprensiones… todo ese instante para Dios, el verdadero protagonista, su gran valedor.

 

Sé de un gran artista -el torero Antonio Bienvenida- que cuando recibía los aplausos del público, repetía insistentemente para sus adentros: "toda la gloria para ti, Señor". No cesaba hasta que terminaban los aplausos y vítores, así evitaba que los éxitos le llenaran de orgullo y vanagloria porque todo su arte se lo debía a Dios.

 

Muchas personas, anónimas, actúan de igual manera cuando llegan dulces momentos profesionales, familiares, personales…, alegrías de todo tipo para nosotros y los nuestros, que Dios nos envía ¿como premio?... ¡si solo hemos cumplido con nuestro deber! Son premios inmerecidos, aunque pongamos la carne en el asador con duros entrenamientos, arduos estudios de investigación, agotadoras jornadas de trabajo…, el resultado final Él lo pone, de ahí la mirada al cielo en la meta y el profundo agradecimiento de una persona que se sabe instrumento de Dios.

 

Pero por desgracia no es normal esta actitud. Nos atribuimos los éxitos como si fueran mérito nuestro, sin pensar que todo lo hemos recibido y nuestras cualidades son dones que tenemos obligación de hacer fructificar por el bien de todos, Dios nos pedirá cuentas.

 

Todos recibimos talentos en mayor o menor medida, la mayoría seremos siempre mediocres en todo, pero con esfuerzo, tesón y confianza en Dios, aportaremos nuestro granito de arena. Algunos reciben una voz prodigiosa, unas capacidades tremendas para un deporte, una inteligencia privilegiada, un corazón sensible, una mirada tierna y cautivadora… pero los dones no son virtudes, son cualidades que o las convertimos en virtud o las tiramos por la borda.