171 - UNA VIOLENCIA LETAL
 

Hay cuestiones que violentan la naturaleza de las cosas y crean fatiga en lo material, fatiga en lo psicológico, confunden el espíritu humano  bien intencionado, y exasperan la voluntad cuando la lucha se torna irracional y desigual.

 

Me refiero a los ataques del mal, que normalmente escogen como víctima lo más humanamente querido y sentido por nosotros: nuestras convicciones, nuestra familia, nuestros amigos y conciudadanos.

 

Todo se cuestiona, se relativiza hasta lo más trivial, los valores se desprecian en pro del subjetivismo radical, caiga quien caiga todo vale y se justifica, la solidaridad no existe para estas gentes sin escrúpulos, la fraternidad menos aun, la caridad… ¿Qué es eso?

 

Nos volvemos desconfiados discutidores, despreciamos a los demás salvo que podamos sacar ganancia, entonces nos transformamos como el camaleón en hipócritas aduladores. Y, parapetados en esta férrea posición táctica, lo juzgamos todo y a todos: Cada persona somos soberano, juez y legislador de uno mismo y sus circunstancias, no admitimos oponentes.

 

Pobre mundo nuestro, creado para el amor y la fraternidad cuando es dominado por seres así. Es mucho el desgaste de gente de buena voluntad a la que por sistema se les achacan malas intenciones, oscuras e inconfesables... como hicieron con Jesús. Muchos, podridos, ven su propia podredumbre en los demás, porque no saben ver nada limpio.

 

Este mundo está herido, pero no es de muerte; muchas personas caen y otras muchas mantienen su integridad en medio de la desintegración. El espíritu humano dominado por el mal, se convierte en vil ruindad que... o escapa de ella o se ahoga en ella.

 

No hemos sido creados para este fin, sino para el bien, el gozo, la fraternidad y la felicidad aquí y en la vida futura. Sin embargo sufrimos la violencia de quienes no quieren que esto ocurra, y utilizan todos los medios para conseguir sus fines. El maligno -ser inmortal- ha sido vencido por toda la eternidad, pero no  acepta una derrota en solitario, quiere arrastrar a todas las personas que pueda -seres inmortales como el- para destruir lo que Dios ha creado en un acto de Amor Eterno. La soledad de Dios es grande y la del maligno infinita.

 

Mientras la intransigencia y la intolerancia continúen negando a Dios su lugar, seguirá abierto el abismo entre una eternidad gozosa a la que estamos predestinados y una eternidad que no tendrá fin por mucho que se desee -el espíritu ha sido creado eterno, indestructible-. Esa eternidad insoportable es nuestro mundo egoísta, infame, en poder del mal y en ausencia de bien.

 

Dios es inmutable y justo, y permite que así sea nuestro destino si esa es nuestra voluntad, indiferentes ante la realidad del espíritu, alejado nuestro corazón del Dios que nos ha dado la vida y pide un poco de correspondencia a cambio de… toda la felicidad que posee y nos entrega… por eso nos ha creado, su gloria es la de sus hijos los hombres y mujeres que le aman.