169 - LA FE DEL CAMINANTE
 

Palpa el suelo con sus pies a veces llagados, otras con ampollas sin curar y siempre con el bálsamo de la fe, porque..., parafraseando a Machado, se puede decir de él:

 

 

Caminante, ya hay camino,

se ha hecho camino andado,

ha sido abierto donde no existía,

por el Amor que espera.

 

Alégrate,

ponte en marcha.

 

 

Es una senda difícil, de renuncias a nosotros mismos, a nuestros apetitos sensibles, pero con un premio seguro: la ayuda del Espíritu de Dios hasta el final del camino.

 

Una ayuda que pasa por el discernimiento ante las falsas sendas, siempre interesadas y engañosas, tanto de los que utilizan a Dios para asuntos temporales como de los que pisotean a Dios por asuntos temporales, de los que hacen bandera política de la religión como de los que hacen política con la laicidad como bandera. No nos engañemos, ni el nacional-catolicismo que desvirtúa y corrompe la Iglesia de Jesucristo, ni el materialismo ateo laicista y relativista, ni uno ni otro están dispuestos a caminar por la verdadera senda: la senda del desafecto a lo mundano para ganar lo divino.

 

Lo mundano es carnal, se palpa, vende, consume, es inmediato aunque dure poco, ¡que importa!... ¡Nuestro mundo es el mejor!, ¡el mío!, el de cada uno, por eso ¡que difícilmente nos aceptamos unos a otros! ¿Estamos seguros de nuestra verdad, o es algo ficticio acomodado al capricho? Al final puede venir el desengaño, la tragedia.

 

Lo divino es impalpable, eterno, para gente inconformista que lo encuentran buscando dentro del envoltorio, gente que se sumerge en las profundidades del ser humano, que caminan sin desgastar ruedas porque desgastan zapatillas, caminantes de a pie, cristianos de a pie, católicos de a pie, gente de fe..., y poco mas, ¡para que!, ligeros de peso se llega antes y mejor.

 

El caminante nunca sabe con certeza absoluta si va por la verdadera senda, pero la fe en quien nos ha abierto el camino por Amor le da una convicción profunda, una paz, alegría y felicidad que llena su ser y colma su esperanza. Eso sí es autentica certeza de ir por buen camino.