...si Jesús llama a vuestra puerta no dejéis que pase sin decirle nada, abrirle, tendréis una grata e inmensa ‘sorpresa’...

168 - UNA REALIDAD, UNA ESPERANZA
 

Tengo que fortalecerme en la fe para colaborar eficazmente al bien, escribir con fuerza, con garra y convicción, con la verdad como escudo y sin lamentos. Jesús me ha llamado y no puedo titubear, he puesto las manos en el arado, camino por su senda, el timón de mi vida lo lleva Él, que conoce bien el rumbo hasta puerto seguro.

 

Pero no debo ser inconstante, tengo que seguir adelante con una gran fe, dando todo lo que pueda, ese es mi destino, ese es mi gozo. Nada he perdido, “todo es ganancia” como decía Santa Teresa. ¿Mi vida?, tiene sentido, tiene una razón de ser, adquiere cuerpo, volumen, una dimensión que puede ser inmensa, con los límites de Dios, o sea, sin límites.

 

¿Cuál es el final?, no existe, no hay final, si voy de la mano de Jesús, Él me lleva por sus sendas hacia la casa del Padre -no son cómodas pero el destino es seguro- . Camino sin soltarme ‘para nada’ de su mano, pero aunque me soltara por una torpeza mía, con rapidez vuelvo a buscarla para asirme fuertemente, porque sé que Él siempre me la tiende y me sujeta con fuerza para no caer en el precipicio.

 

¿Y si llegamos a la casa del Padre?, allí nos quedaremos para siempre. Nada nos faltará, nada necesitaremos, pues la felicidad todo lo colma por el infinito amor del Padre. Se nos olvidará comer, dormir…, nos olvidaremos de nosotros mismos, entusiasmados con la felicidad de los demás; pero como tampoco necesitamos nada, ni siquiera el tiempo para que pase, nada es pasado, nada es futuro, todo es presente gozoso y… todos aprendemos en la Escuela del Amor.

 

Esta es la promesa de Jesús para los que le escuchan y fructifican en su espíritu. Yo le creo, porque es lo mas coherente que he oído en mi vida y,… ¡por qué no decirlo!, Él se me ha metido dentro y no puedo sacarlo, mejor, no quiero sacarlo, quiero que se quede, es un gran estímulo, un compañero ‘fantástico’, me limpia la casa, me la ‘airea’, caminamos juntos y… todo lo demás ya lo he contado, para qué repetirme…

 

Podéis comenzar a releer desde el principio, me entenderéis un poco mejor, y 'un consejo’: si Jesús llama a vuestra puerta no dejéis que pase sin decirle nada, abrirle, tendréis una grata e inmensa ‘sorpresa’. Pero, atentos, se presenta de múltiples formas y maneras, y a veces las rechazamos pensando que no es Él. Si viene en forma de dolor, enfermedad, tragedia, injusticia…, es duro, pero aceptarle, escrutar el mensaje que siempre nos trae y no dudemos en abrirle nuestra alma, puede que necesitemos la purificación, la pena, la amargura…, es nuestra cura, primero cirugía luego convalecencia, al final, siempre una sonrisa de agradecimiento y un amigo para siempre. La vida es así, porque, para ser realistas, Él la ha creado así.