Es una locura pero el juego del amor hace que Dios no deje de crear el mundo a pesar de nosotros, de nuestro uso mezquino de una libertad inmerecida.

167 - EL AMOR NO TIENE LÍMITES

Dios nos ha creado aun sabiendo que íbamos a volvernos contra el, que no le íbamos a aceptar, que no íbamos a devolverle amor por amor.

 

Pero Él comparte su felicidad con nosotros aunque le demos la espalda, y lo hace por el mismo motivo con que prometía a Abraham salvar Sodoma y Gomorra: por un puñado de fieles que correspondían a su amor. El juego de los enamorados, hace que unos padres siempre miren con amor a sus hijos aunque reciban odio, hace que nadie pueda odiar aquello que quiere, porque si llegara a odiarlo es que nunca ha sentido amor, nunca lo ha querido de verdad.

 

El juego del amor hace que Cristo perdone aun en los mayores suplicios de la Cruz en medio de los escarnios e insultos a coro de casi todos los congregados allí. Es una locura pero el juego del amor hace que Dios no deje de crear el mundo a pesar de nosotros, de nuestro uso mezquino de una libertad inmerecida.

 

Jesús así lo entiende y nos perdona siempre, y nos da segundas oportunidades en todo, y terceras, y... roba la ‘ira de Dios’ al Padre y la descarga sobre sus espaldas, lo hace en la Cruz, y después de esta negociación, obtenido el acuerdo, prorrumpe "todo esa consumado" y se entrega en las manos de Dios Padre.

 

Es una coacción a la que el Padre no se puede negar, y nos envía el Espíritu Divino hasta el final de los tiempos derramando sus dones sobre nosotros.

 

El Amor no tiene límites.

 

Dios no perdona al Ángel caído porque odia de forma plena y consentida, pero ofrece perdón a los hombres, desde Adán y Eva porque son tentados y pecan por debilidad. En ello es vencido Satanás, en el perdón que Jesús nos ha propiciado; no logra el Maligno nuestra condena eterna como la suya de manera definitiva, no, Dios perdona a quien se lo pide como el hijo prodigo, con el amor de un ser que aun siendo capaz de las mayores barbaridades, se siente amado y perdonado por Él, y su sensibilidad no le permite despreciar a quien tanto le quiere y le ha entregado por Amor todo cuanto es y tiene...

 

 El amor no tiene límites, se los ponemos nosotros cuando pretendemos vivir una doble vida: Corresponder a Dios siendo mundanos.

 

Es un error, se puede ser de este mundo, bueno por esencia, y elevar todo nuestro ser a Dios, nuestra actividad día a día, metiendo a Dios en ella... en definitiva, endiosar el mundo ya que de Él ha salido y en Él tiene su destino. Todo es cuestión de vivir como enamorados, pues ¡el amor no tiene límites! Esto está reñido con vivir una vida ‘mundana’, a espaldas de Dios, pues… ¡no pasa nada, si Él esta ahí ya nos echará una mano!, pensamos.

 

Planteamiento falso y erróneo, de personas que desconocen el amor aunque hayan sido creadas por, para y en el amor. No renuncian a sus ‘apetitos mundanos’ que no tienen nada que ver con las ‘necesidades del cuerpo y del espíritu’, y no están dispuestas a exigirse una ‘renuncia continua a lo que no es bueno ni para uno ni para otro’, y de esta manera poder estar despiertos -y no dormidos o atontados- para seguir los pasos de Jesús.