166 - NO TODO ESTÁ PERDIDO
 

El que duda tiene la certeza de la duda que puede desembocar en la realidad de Dios, en la fe en el Creador. El que pregunta tiene la certeza de que obtendrá respuesta, y no a mucho tardar. El obstinado tiene la certeza de que si persiste en la obstinación morirá en ella.

 

Para este último todo estaría perdido, por lo que, a nada que piense, le trae cuenta salir de su obstinación. Pero si es un obstinado tonto, que no piensa, entonces lo tiene más difícil. O sea que mire por donde se mire le trae cuenta salir de la tan abundante y ridícula soberbia humana, capaz de matar lo que ama con tal de salirse con la suya.

 

El que confía en Dios y basa su seguridad en Él, aunque le lleve por caminos tortuosos, tiene bastante ganado, lleva ventaja sobre los que basan su seguridad en un ‘mírame y no me toques que yo no me muevo de aquí’, en el inmovilismo que impide toda mejora, inmovilismo del que piensa que no tiene que mejorar porque ‘ya es perfecto’, o se conforma con su situación aunque pueda ser mejorable: ¡para que complicarme la vida!, ¡yo aquí me quedo! Ahí echa raíces. Lo malo es si algún día decide moverse, las raíces podrían ser muy fuertes y estaría condenado a quedarse para siempre donde está.

¡No todo esta perdido!, solo es preciso ser lo suficientemente listo, pero sin pasarse ni quedarse corto. Listo para captar el sentir natural de nuestro espíritu, al margen de las seducciones mundanas. Es posible que descubra las bondades de Dios, como nos ha rescatado del pozo del olvido, y… feliz y agradecido comience un nuevo camino de esperanza.