164 - LA HOMOSEXUALIDAD Y EL LESBIANISMO SON CONTRA NATURA
 

Acepto y amo la diferencia en personas diferentes, pues Dios no hace distinción de ningún tipo, ha creado un ser ‘único’ en cada uno de nosotros.

 

Rechazo la promiscuidad que va contra esa divina creación, violando el uso de sus dones, dándole un sentido pervertido en muchos de sus términos, pues la sabiduría divina no es aleatoria ni se contradice, solo el mal degrada los fines de la naturaleza.

 

La promiscuidad es propia de personas vacías en su interior y permeables a todo. Carecen de ideales capaces de hacer subir la presión interna, que aumenta nuestras defensas ante el mal que viene de fuera.

 

Todo evoluciona hacia la perfección, hacia nuestra mejor adaptación a ese mecanismo natural del que formamos parte; de no ser así, la evolución nos llevaría irremisiblemente a la autodestrucción de la persona, del mundo. Pero por muy perfecto que sea un cuerpo, siempre puede tener alteraciones, malformaciones, ataques externos en algunas de sus partes que solo son mortales si pervierten el sentido unitario del cuerpo.

 

No soy moralista, pero la razón y el Espíritu me dicen que la homosexualidad y el lesbianismo son contra natura. Hombre y mujer nos creó Dios para amar con el cuerpo engendrando frutos que perpetúen la especie, frutos de nuestra generosidad, frutos innumerables de fidelidad y amor al Creador que nos ha dado tal poder, que cuenta con nosotros en sus fines de salvación y felicidad eterna que a todos abarca, como infinito es su amor y nuestra capacidad de amar.

 

"Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; también hay eunucos que han quedado así por obra de los hombres; y los hay que se han hecho eunucos a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender, que entienda." (Mat. 19, 12)

 

Palabras de Jesús ante las dificultades para vivir las circunstancias e inclinaciones sexuales de cada uno. "para Dios todo es posible, tened confianza" animaba a sus discípulos. El lenguaje que utiliza es comprensible, con unas palabras vividas por el mismo Maestro, hombre como nosotros.

 

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, con el vocablo ‘eunuco’ se designa a los hombres "castrados, o afeminados". Supongo que se refiere a toda persona con dificultad para vivir la sexualidad según su genero "hombre y mujer nos creó Dios...", nacidos así, o alterada su naturaleza por voluntad del hombre, o renunciando a la sexualidad por un fin superior.

 

La lucha por encauzar nuestras propias tendencias cuando no son afines a un orden natural, forma parte de la esencia de nuestro existir en un mundo creado en la perfección y la libertad de Dios, tronchado por el mal de nuestras transgresiones, que como una infección vírica se ha introducido en nosotros. Pero a pesar de ello podemos llegar a una vida en castidad, en fraternidad, en comprensión a los diferentes, en solidaridad, en amor y espíritu de reciprocidad con Dios. Es un camino duro, derramaremos muchas lágrimas, pero compensa.

 

Nuestra esperanza está basada en una promesa: primero de redención -liberación del mal- y luego de la llegada del Reino de Dios -el bien-. Jesús nos ha liberado de las cadenas y nosotros podemos y debemos completar esa liberación hasta hacernos merecedores del Reino de Dios, para siempre, sin límites, en cuerpo y espíritu.