Pobre entre los más pobres, en palabras de la Madre Teresa, y todo nuestro, de cada uno de nosotros..., por eso escogió la pobreza más absoluta, para darse del todo.

161 - ¿PODRÍA SER DE OTRA MANERA?
 

Jesús-Dios, vino a vivir entre nosotros, como una persona más. Nació pobre, en una familia pobre, no vino a residir en un palacio, vivió en la pobreza, en la libertad de no estar atado por nada material, para mejor cumplir su misión y darnos ejemplo de vivir en desprendimiento, aunque tenga todo el poder para vivir en abundancia.

 

No se concibe otra manera mas sublime de venir a nosotros, ‘no podía ser de otra manera’. Nos enseña y queremos aprender a no poner nuestro corazón en los bienes de aquí, aunque tengamos medios para autosatisfacernos de cosas materiales, así, se lo entregamos todo entero a Jesús.

 

Él, con nuestro permiso -su delicadeza es infinita- se instala dentro de nosotros, en nuestros corazones, y habita en ellos, y sirviéndose de su poder, se queda ‘físicamente’ para siempre con nosotros, en cada sagrario.

 

¿Para qué su empeño en estar y quedarse en nuestra intimidad?: porque su desbordante amor nos ha creado libres, aun sabiendo que por soberbia le traicionaríamos junto con los ángeles caídos, pero estando a nuestro lado nos ayuda a librarnos de las fuerzas del mal; como hace una madre con su hijo a punto de ahogarse, lo saca del agua, lo mina, lo seca y lo pone a caminar en sitio seguro.

 

Jesús ha venido a quedarse, no a decirnos cuatro cosas y salir corriendo; a quedarse con los más humildes, en la máxima pobreza y desprendido de todo, pues nada le falta porque nada necesita, solo nuestro cariño que mendiga día y noche.

 

‘No podía ser de otra manera’, de haber vivido su vida publica en estos tiempos, hubiera sido igual, su pobreza y desprendimiento el mismo. No hipotecaría su vida, como nosotros, que la dedicándola a trabajar y trabajar para pagar al banco, y dentro de lo posible rodearnos de bienes; Él dispondría de lo justo para poder dedicarse en cuerpo y alma a los demás, no solamente a sí mismo y a los suyos, a todos sin distinción.

 

Seguro que dedicaría tiempo a su aseo personal, a estar en forma física, psicológica y espiritual para ser más eficaz a todos, y en especial a los que más le necesitaban y le pedían ayuda, se volcaría con ellos como se vuelca ahora con nosotros.

 

Es el mismo Jesús al que sus discípulos adoraban, el que ahora está en el Sagrario, escondido a las miradas sin fe, capaz de llenar el corazón de las almas enamoradas, de mirada triste pero comprensiva, atrayente, cautivadora. Pobre entre los más pobres, en palabras de la Madre Teresa, y todo nuestro, de cada uno de nosotros..., por eso escogió la pobreza más absoluta, para darse del todo.