Jesús quiere y desea que los niños vayan a él, tienen la sencillez necesaria para comprender su doctrina, hasta tal punto, que nos exige ser como ellos para entrar en su Reino.

156 - "DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MI"
 

“Dejad que los niños se acerquen a mí”, suya es la sabiduría, por su inocencia, por su sencillez sin doblez. De ellos es el Reino de los Cielos si no lo arrancamos de sus corazones porque, en muchos casos no lo hemos dejado entrar, en otros muchos los llenamos de ‘materialismo’ que todo lo suplanta y no deja lugar para mas, y en otros muchos matamos el espíritu de Dios en sus corazones, por lo que les inhabilitamos para comprender lo sublime de nuestras vidas.

 

Jesús se enternecía con los niños, jugaba y hablaba con ellos, les contaba historias, les escuchaba, y lo hacía con  placer; tenia que ser algo natural y habitual en él, no puede ser que un relato evangélico como este haya ocurrido solo una vez. Es una delicia para Dios estar con la gente sencilla de mirada inocente expresión de una confianza total.

 

Jesús quiere y desea que los niños vayan a él, tienen la sencillez necesaria para comprender su doctrina, hasta tal punto, que nos exige ser como ellos para entrar en su Reino.

 

No es de extrañar que condene duramente a quien escandalice a “solo uno de estos pequeños, más le valdría encajarse al cuello una rueda de molino y echarse al mar”. La corrupción de menores es un pecado perverso de esas gentes sumisas al maligno, es atroz, pues se engaña a mentes en formación que ponen todo su inocente ser en nuestras manos, confiados de la bondad de sus progenitores.

 

La pederastia es de animales devoradores de tiernos cachorros, destrozan un cuerpo y un alma hechos para amar a Dios, es un látigo inflingido con toda la dureza posible a inocentes. Morirán sin morir, devorados por sus propios gusanos surgidos de la podredumbre que arrastran.

 

Los derechos de unos son obligaciones para los otros, los derechos de los niños son obligaciones para los mayores y para los estamentos públicos. El conocimiento de la verdad es un derecho, así como el conocimiento de la existencia de un Dios Creador que se nos ha revelado y vino a hablarnos de si mismo y de su amor por nosotros. No se les pueden ocultar razones tan probadas, más que las ciencias experimentales, pues la verdad está por delante de todo el saber humano.

 

No podemos condenar a nuestros hijos a volver a unas épocas históricas de paganismo ya superadas, donde, ante los misterios, el ser humano se refugiaba en la más servil idolatría. No podemos dejar de enseñarles al menos la historia de las religiones, principios de nuestros valores por los que merece la pena vivir y luchar. Nuestra obligación es ser sinceros con ellos y formarles en la verdad, no solo en la ideología dominante. La verdad es eterna, se nos va revelando y la vamos descubriendo poco a poco, nos ayuda en el avance hacia un mundo mas justo, más civilizado, más solidario y fraterno, porque… al ir conociéndola, comprendemos también nuestro origen y nuestro destino.