155 - ESE ALGO 'DIVINO' QUE HAY EN NOSOTROS
 

Nuestro padre Dios, del que hemos heredado ese ‘algo divino’ que hay en todos nosotros, va más allá, y por boca de san Pablo nos dice que ‘somos imagen suya’.

 

 

Algo tuyo hay en mi, Señor

que me arrastra hacia ti,

pero me miro y…

 

No soy capaz de reconocerte en mí

¿tanto me he desfigurado?,

y aunque tenga una visión muy deformada de ti,

aun así,

no me parezco en nada,

¡tan bajo he caído!.

 

Soy irascible,

obcecado,

sensual...

Los pecados capitales todos -que ahora son mas de siete-,

me han desfigurado,

irreconocible frente a la pureza y perfección de creatura y creador.

 

Pero al menos,

ese ‘algo divino’ que hay en mí,

me permite ser consciente de ello.

 

 

No todo está perdido, aunque nuestra voluntad sea como veleta con viento en racha, aunque nuestra conciencia sea como una esponja que todo lo absorbe, aunque nuestra mente imaginativa pida lo impedible y nuestro cuerpo se revele, ese Dios escondido que malvive en nuestras entrañas, nos da pistas que permiten sacar la cabeza del agua podrida y respirar…, respirar aire nauseabundo que... podemos ir purificando, poco a poco, con nuestro buen hacer, con nuestra entrega, con nuestra confianza en Él.

 

Paciencia, hemos heredado una pequeña pincelada de su genialidad que nos ayuda a salir airosos, aunque no sea nuestro el mérito, Él se manifiesta a través de seres tan inútiles y engreídos como nosotros, capaces del mayor autoengaño: creer que nada hemos recibido y todo el bien que hacemos ¿? se debe a nuestro propio mérito.

 

La historia del mundo está llena de situaciones que han cansado al mismo Dios una y mil veces, por eso, nuestra historia se ha convertido en la ‘historia de nuestra salvación’, por nuestro empeño en prescindir de Dios: Él nos va rescatando del pecado, del falso engreimiento humano en que caemos continuamente, y lo hace como un Padre con su hijo al que quiere y preserva de los peligros.

 

Siempre me ha dado pavor la libertad de tener que elegir en la vida, usando todos los dones recibidos de Dios para discernir con acierto. El cuerpo me pide… ¡ufff! si dejamos al cuerpo que pida. Pero ese ‘algo divino’ que hay en nosotros facilita el camino. No lo minusvaloremos, es nuestra tabla de salvación.