...el amor de Dios que crea y recrea el mundo, y aunque ocultemos nuestro corazón bajo un grueso manto de vanidades, el amor de Dios nos alcanza, es como una saeta que siempre acierta porque le atrae la diana de manera irresistible...

151 - DE VERDAD: ¿DIOS NOS QUIERE A PESAR DE NUESTRA RUINDAD?

Buscamos la verdad de Dios, pero sin tener el corazón abierto a sentimientos de amor a la naturaleza y a su Creador, sin una disposición de asumir la verdad, aunque esa verdad produzca un requiebro en nuestra vida. Así nunca descubriremos la esencia de esta verdad: el Amor de Dios por los hombres y mujeres, fruto de la fecundidad de ese Amor divino.

 

Las manifestaciones de Dios en las Escrituras y en la historia de la humanidad, están cerradas en un cofre impenetrable, ininteligibles para personas que buscan solo lo que quieren encontrar porque les va a sus intereses, no buscan la verdad. Dios no les abrirá la mente para que entiendan, se ofuscarán, se crearán mas tópicos; la verdad no se busca queriendo encontrar nuestra verdad, hay que estar abierto al factor sorpresa, a lo que Dios nos quiere decir, con el corazón dispuesto, estimando la verdad objetiva por encima de nuestros intereses.

 

Esta verdad objetiva es el amor de Dios que crea y recrea el mundo, y aunque ocultemos nuestro corazón bajo un grueso manto de vanidades, el amor de Dios nos alcanza, es como una saeta que siempre acierta porque le atrae la diana de manera irresistible, la misma atracción que siente una madre por su hijo pequeño, débil e indefenso.

 

No podemos resistirnos al amor de Dios, podemos gritar ¡no quiero!, ¡vete de aquí!, ¡no te metas en mi vida!, ¡déjame en paz!, ¡mi vida es mía, no quiero cambiarla, no necesito ese cambio!, ¡me gusta como está, lo demás son cuentos!... Él, como enamorado resignado a no ser correspondido, acepta, sufre y goza con nosotros, se recrea en nuestro andar por la vida, aparta obstáculos peligrosos, se hace el encontradizo, ¿y si nos perdemos?, nos busca, nos orienta, y si le dejamos nos sube a sus hombros como el Buen Pastor y nos cura, nos consuela y ¡venga!... a caminar de nuevo.

 

Muchos seguidores de Cristo lo son solo de palabra, de conveniencia; pero otros muchos lo son de corazón aunque pasen desapercibidos, son los "cristianos de a pie", buscan a Jesús en lo cotidiano de cada día, en las cosas pequeñas y menudas, que todas son importantes en función del cariño y la intención de agradar a Dios que se ponga en ellas. Parece que su vida es rutinaria, pero no, crecen para adentro, su alma se va agigantando y enriqueciendo en la unión con Dios, son los auténticos ‘enamorados’ y siempre les tendremos a mano dispuestos a ayudar, a dedicarnos su tiempo, a desvivirse por nosotros.

 

No nos engañemos, no nos dejemos llevar por las apariencias; el espíritu del cristiano contagia alegría, paz, serenidad, da confianza fruto de su fe, amor y esperanza en el Todopoderoso. Las palabras huecas de quien todo promete porque 'prometer es gratis', todo vale y cualquier chaqueta les queda a medida, vencen pero no convencen. Hacen artes malabares que asombran por sus piruetas en el aire pero... cayendo siempre en la misma posición, donde estaban, en su seguridad, en su ‘yo’. No se puede servir a dos señores, o sentimos a Dios en nuestro corazón, buscando la verdad de su amor a la humanidad, o perderemos el tiempo. En un caso el tiempo es oro, auténtica Vida, en otro caso el tiempo se escapa sin dejar rastro.