Muy duro es para Dios aguantarnos, pero Él todo lo puede y así lo quiere; de todas formas no debemos colmar su paciencia, debemos reflexionar sobre la vida que llevamos no sea que  estemos cortando el único hilo que nos sostiene.

149 - ¿SOMOS DEPENDIENTES?
 

Pienso en un texto de la Escritura donde dice que "Dios suspendió al mundo de la nada" (Job 26,7). Interpreto que el mundo pende de "nada"..., entonces, puesto que la nada es nada, incapaz de ninguna acción, ¿como se sujeta el mundo?, estamos con el vacío bajo nuestros pies y ¡no nos caemos!

 

Sin entrar en leyes físicas gravitatorias, deduzco que Dios nos sostiene, se interpone entre la nada y nosotros y nos mantiene en el ser. No son lo mío las elucubraciones filosóficas, pero una persona de la calle ve con claridad esta absoluta dependencia de la bondad de un Dios Padre y Madre en nuestras caminatas de cada día.

 

Por nuestra ignorancia todo saldría al revés y veríamos las cosas boca abajo, pero Dios las pone derechas nos coge de la mano y... damos pasos por esta vida que de otra manera seríamos incapaces. Si nos dejara un instante de su mano, volveríamos al mundo salvaje del que hemos salido. ¡Si dejara de quererme seria un desgraciado por toda la eternidad!

 

Tenemos la dicha de que además de mantenernos en la existencia, Él nos quiere siempre, aunque no le correspondamos, aunque le ignoremos, aunque le despreciemos, aunque le crucifiquemos otra vez...

 

Muy duro es para Dios aguantarnos, pero Él todo lo puede y así lo quiere; de todas formas no debemos colmar su paciencia, debemos reflexionar sobre la vida que llevamos no sea que  estemos cortando el único hilo que nos sostiene.

 

Somos tan carnales que el espíritu del cual procede todo, no nos dice nada, lo despreciamos, despreciando a Dios que es espíritu. Organizamos nuestra vida en función del mundo físico, y no pensamos que una mentira nos hace mas daño que un cáncer de pulmón. Cuando la materia llega a la corrupción nos quedamos "desnudos", no hemos investigado en el mundo inmaterial y… se nos presenta de sopetón porque hemos perdido el único mundo en que creíamos y en él nos movíamos, en ese momento nos sentiremos... con un gran vacío, dependeremos en exclusiva de la misericordia de Dios y su justicia, todo lo demás se habrá esfumado.

 

No compensa. Por irreal que parezca, que no lo es, es más real que el mundo de los sentidos.

 

Pensemos en aquellos sucesos que consideramos casuales, frutos del azar, de la suerte, desgracias, alegrías, catástrofes, bonanzas..., son expresiones de esa atención de Dios a su creación, siempre incomprensible para nuestra mente, no siempre para el corazón, a veces dolorosa, otras veces providencial.

 

Pensemos en el sol que sale y se pone todos los días, las flores brotando en primavera, el mar, las montañas..., expresiones del gran artista que crea y se recrea en esta pequeña parcela del mundo real que es lo material. Infinitas muestras de las acciones del espíritu en nuestra alma, en nuestro ser, en nuestro actuar. “El Espíritu de Dios todo lo llena”, lo mantiene en la existencia, nos cuida, es nuestro guía, nuestro sustento, nuestra felicidad, la inspiración del amor mas puro, nuestro descanso y nuestra paz.

 

Somos dependientes, no de una sociedad despiadada, sino de un Dios maravilloso.