...la vida ‘aquí’ es corta, muy corta, un suspiro comparado con la vida después de la muerte. Nos acomodamos a nuestro pequeño mundo y no exploramos a la vuelta de la esquina otros mundos que pueden saciar nuestro corazón, nuestras ansias de felicidad.

148 - GENTE ENSIMISMADA

Generosidad ¿para que?, preguntan escépticos.

 

Yo les respondo: Para entregarnos al servicio de ideales grandes, nobles, por nuestro bien y el de otras muchas personas que no tienen a nadie que les extienda su mano. Para esto quiero ser generoso, para vivir ideales de fraternidad en comunión con nuestros semejantes.

 

Si no expandimos nuestro corazón por amor a los que tenemos al lado, quedaremos ensimismados, metidos en nosotros mismos, corroyéndonos por dentro, sin otras miras que nuestro propio ombligo.

 

Si podemos volar como las águilas, no vamos a conformarnos con ser aves de corral -decía San Josemaría-. Quiero mirar el mundo desde arriba para tener una visión amplia, mucho más que si lo miro desde mi egoísta rincón, desde mi pequeñez. Quiero expandirme, subir, escalar alto alto, buscando la sabiduría de Dios.

 

Muchas, muchísimas personas se conforman con una vida mediocre, sin relieve, muy por debajo de las potenciales cualidades interiores con que nos ha dotado el Creador; y por desgracia para estas personas, la sabiduría popular es consciente y repite que ‘como uno se muere, uno se queda’, porque la vida ‘aquí’ es corta, muy corta, un suspiro comparado con la vida después de la muerte. Nos acomodamos a nuestro pequeño mundo y no exploramos a la vuelta de la esquina otros mundos que pueden saciar nuestro corazón, nuestras ansias de felicidad.

 

No hablo de mundos imaginarios, hablo de lo que por suerte y dicha se nos ha anunciado con todo tipo de pruebas y datos llenos de contenido, hablo de la verdad del cristiano, que esta ahí, de la misma manera que América esta allí aunque nunca la haya visto, pero así lo creo porque otros en quienes confío me lo han dicho. No podemos ser mezquinos. No podemos dar crédito solamente a lo que nuestra corta visión y nuestro entendimiento abarcan, tenemos que explorar otras potencias del alma, capaces de confiar, creer, superar nuestras limitaciones, dejar que la fe nos ilumine, hacer fuerte nuestra voluntad para el bien…

 

Por eso quiero hablar de mi, no quedarme con mi yo, ensimismado. Sacarlo, mostrarlo y ofrecérselo en mis manos a Dios, para que pueda disponer de todo cuanto me ha dado, suyo es. Suyo es nuestro destino aunque en su generosidad lo haya puesto en el corazón de cada uno, para que sea libre decisión hacer brotar nuestro ‘yo’ como un manantial y que otros puedan beber de él, o quedárnoslo para nosotros y para nuestros egoismos porque sacamos un vil provecho de ello.