¡Que suave y atractiva es su compañía! ¡Que delicia sentirle a nuestro lado!, siempre, en cualquier lugar o situación, en la intimidad del silencio, en la calle, en familia, en el trabajo,....

144 - LA ORACIÓN NOS ELEVA AL AUTÉNTICO BIENESTAR
 

Oremos, pues el tiempo se consume. Lo consumimos en otros menesteres y ojalá que sean para bien de nuestra alma comprometida con una humanidad que nos necesita: necesita nuestra fe, nuestra oración, nuestra entrega a los demás; entrega que también es oración, pues Jesús está en cada uno de los que reciben nuestra comprensión, nuestras caricias, nuestro amor.

 

No se puede anteponer una práctica de caridad a la oración con Dios ni anteponer la oración a la caridad con nuestro prójimo. Todo es oración, la que hacemos a solas con el Señor en la intimidad de nuestra alma y la que hacemos prestando un servicio a otra persona, como lo haría Jesús, con nuestras manos que son las suyas.

 

Por esto, pienso que no hay doble vida en un cristiano que ama a Jesucristo. Nuestra actitud ante el mundo, ante las cuestiones sociales, ante los demás, comenzando por los que tenemos al lado, debe ser cosa de dos: Jesús y yo mismo -cada uno de nosotros-, un acto continuado de imitación del Maestro, una oración continua, un dialogo constante.

 

Se puede decir que la vida de oración es vida de relación entre los miembros de una familia donde el amor todo lo llena. Relación tierna, confiada, en la que uno es feliz con la felicidad del otro. Una familia donde Jesús es nuestro padre, nuestra madre, nuestro hermano mayor y a Él todo lo confiamos, con Él nos desahogamos, abrimos nuestro corazón y nos entregamos en su regazo. Jesús nos da a Maria y nos lleva al Padre.

 

¡Que suave y atractiva es su compañía! ¡Que delicia sentirle a nuestro lado!, siempre, en cualquier lugar o situación, en la intimidad del silencio, en la calle, en familia, en el trabajo,....

 

Nos sentiremos felices en un mundo de sufrimiento por causa del mal, pero "contigo, Jesús, ¡qué placentero es el dolor y qué luminosa la oscuridad!" exclama San Josemaría. Un mundo que queremos rescatar para Dios, su Creador, para que todos lleguen a conocerle y saborear el autentico bienestar de una sociedad con esperanza fundada, no en promesas incumplidas por imposibles y engañosas, sino en una promesa veraz del que todo lo puede y cumple, porque esa es su voluntad.

 

Él va por delante, sabe mucho mas, nos quiere con locura, y... da la vida por cada uno, una y mil veces, porque Dios todo lo puede y ese es su querer. Solo pide nuestra mirada confiada, que superemos todas las dudas de la mente y el corazón para ver con claridad luminosa y nunca más se oscurezca nuestro pensamiento.

 

Todos los días, sin darnos cuenta se producen infinitos milagros. ¡Que pequeños somos y cuanto podemos crecer si miramos hacia arriba en actitud orante y confiada!