Lo que no damos, lo perdemos para siempre, lo que damos, eso es lo que tenemos y adquiere gran belleza en las manos de Dios.

142 - DAR LO QUE GRATUITAMENTE HEMOS RECIBIDO
 

Nuestro ser y las  cosas que poseemos son recibidas de Dios, sería de una gran cortedad mental aferrarse a ellas considerándolas propias, porque en cualquier momento seremos despojados de todo, solo conservaremos el espíritu que nos anima. Y cuando llegue ese momento ¿estará nuestro espíritu vacío? En ese caso nuestra nada será terrible.

Por contra, si en vida terrena hemos procurado vivir el Amor, enriqueciendo nuestro interior con la gracia divina, nuestra nada será un espléndido diamante pulido por nosotros, ¿como?: dando de lo que hemos recibido: nuestra fe, nuestras obras, nuestros desvelos, nuestros bienes...

Lo que no damos, lo perdemos para siempre, lo que damos, eso es lo que tenemos y adquiere gran belleza en las manos de Dios.

Nuestros actos son sus actos cuando brotan del amor, amor de donación a los demás en una entrega afectiva y efectiva, desprendidos de los bienes de aquí y confiando plenamente en Dios.

Los que viven en la seguridad de este mundo son los más inseguros, los que desprecian la verdad porque creen estar en ella, son los más ignorantes. Los triunfadores en esta vida que reciben todos los aplausos son los mayores fracasados. Dios se ríe de los soberbios y los confunde aun más en su engreimiento ridículo.

La aventura de cada día consiste en hacer de nuestra entrega actos cotidianos de liberación, ser menos esclavos de uno mismo, mas libres para amar sin limites con el alma, con el corazón y con el cuerpo.

Donar todo lo que hemos recibido, amando. Dándole al cuerpo lo justo, y menos de lo justo para que no traicione, por amor a nuestro inseparable compañero, a esta magnifica obra de Dios que es nuestro cuerpo. Porque en esta tarea, nuestro cuerpo colabora con el corazón en dar amor, y ni uno ni otro tienen que ser obstáculo para ello.

Nada de quejas, nada de poner pegas, hay que avanzar por el camino elegido en nuestra vida, con brío, a paso ligero, no sea que el tiempo sea corto y nos quedemos a mitad de camino.