Realidades temporales y realidades eternas forman una única realidad, y para mi felicidad, Él, Jesús, me acompaña en el camino de la vida, incluso en el de la muerte, porque los dos caminos ha recorrido y conoce a la perfección.

137 - REALIDADES TEMPORALES Y ETERNAS
 

"Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios".

El Cesar representaba el poder político, económico, social... el poder terrenal. Todos tenemos obligación grave de cooperar al bien de nuestra sociedad, sean nuestros gobernantes buenos, mediocres o nefastos. También tenemos el deber filial de corresponder a nuestro Creador, pues todo se nos ha dado por amor, incluso el mismo Dios en la persona de Jesucristo. No debemos acudir a Él solo cuando le necesitamos porque el mundo no nos da respuesta, ni dejarnos empapar de las realidades mundanas pensando que no existe otra realidad, porque cuando descubramos esa realidad a la que hemos dado la espalda, quizás sea demasiado tarde para nosotros: "no te conozco"  podremos escuchar.

Las realidades temporales y las realidades eternas se funden en una única unidad de vida. El engarce de ambas realidades hecho con arte es la tarea más importante de todo ser humano, la única tarea importante. La más sublime obra de arte que podemos ofrecer a Dios al final de nuestro paso por la tierra, porque..., tan fuerte es su presencia entre nosotros que se hace la realidad mas palpable de este mundo, por encima de lo visible, de lo que nuestros sentidos perciben. Debemos despertar a esta realidad, si no, estaremos perdidos en el bosque de las vanidades que se esfuman.

Nos libera del dominio implacable de la naturaleza cuando la percibimos como un absoluto. Y nada más erróneo, pues toda ella está dirigida a Él, nos lleva a Él, a nuestro Creador. Además, mientras exista la ley de la gravedad y toda materia caiga por su propio peso hacia el suelo, es señal inequívoca de que Dios no deja de asistir a su Creación, nos mantiene en el ser hasta que decida liberarnos de la esclavitud de esta naturaleza, enferma desde el primer pecado del hombre. Porque "...era necesario dar un fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido..." (Benedicto XVI)

La obra de arte es reflejo del artista y nosotros somos su más fiel reflejo, por eso, la unión de lo divino y lo humano se realiza en nosotros, en nuestro interior, de la manera que Jesús nuestro Maestro nos enseña. Nuestras imperfecciones, nuestras caídas, nuestras mezquindades, no son obstáculo para “divinizar” esta realidad, más aun, son la prueba evidente de que todo es obra de Dios, por nuestra incapacidad y por el querer redentor de Jesucristo.

“Borrón y cuenta nueva”, lo pasado ya no existe y nuestra fe “atrae al futuro dentro del presente, de modo que el futuro ya no es el puro ‘todavía no’. El hecho de que este futuro exista cambia el presente” (Benedicto XVI).

Realidades temporales y realidades eternas forman una única realidad, y para mi felicidad, Él, Jesús, me acompaña en el camino de la vida, incluso en el de la muerte, porque los dos caminos ha recorrido y conoce a la perfección.