132 - ¡COMO CONFIGURAR NUESTRA FE!

Las verdades supremas no pueden someterse a evidencias propias de cosas materiales. No puedo pretender conocer a Dios con mis ojos carnales que a veces engañan, ni tocarle con mis torpes manos, ni comprender sus misterios con mí limitada inteligencia.

Esta evidencia que pretendemos, no necesariamente conduciría a la fe, lo probable es que endureciéramos aun más nuestro corazón. Los que se resisten a creer, no abrirían su alma "ni aunque un muerto resucitara...", lo volverían a enterrar.

Si la verdad fuese nítida a nuestros ojos carnales, seria interpretada como algo irreal, visiones o alucinaciones del momento. Por eso la fe -creer lo que no se ve- no entra por nuestros sentidos, es interior y brota del alma cuando Dios la concede. Además, "La fe nos da algo de la realidad esperada, y esta realidad presente constituye para nosotros una "prueba" de lo que aún no se ve" (Benedicto XVI)

Buscamos a Dios por este mundo, queremos verle, pero sin una disposición interior abierta a la fe no le veremos nunca. Pues la fe no se mezcla con cosas mundanas, y sin embargo está en todo, todo lo ilumina con luz mas intensa que el sol, dando una claridad meridiana a los misterios de Dios, a la comprensión del mundo en que vivimos. No esperemos oír con nuestros oídos ¡ánimo Roberto!, no, pero la fe aumentará nuestra disposición a luchar con nuevas luces y renovados impulsos, y notaremos sus frutos… porque la fe mueve montañas, las montañas de nuestras incomprensiones, egoísmos fanáticos, cobardías...

Dios actúa en nosotros y a veces no comprendemos esas mociones que nos mueven a hacer el bien, a entregarnos en una labor de almas que es "locura humana", a sentir desprecio por nuestras quejas viendo las necesidades de otros, que necesitan nuestro tiempo, nuestro cariño, nuestro dinero..., nuestra comprensión. Saludamos a quien no nos saluda, sonreímos a quien no nos sonríe, hacemos bien a quien no mueve un dedo por nosotros, pensamos bien de los demás y disculpamos siempre… pero, sin hacer “el primo”.

El espíritu humano es la “perla” de la creación, visible en su plenitud -en su unión con el Creador- para quien sabe ver y entender con el corazón. Lo material, no por ser menos deja de maravillarnos. Todo ello lleva una firma de autor, y por su obra le conocemos, alimentamos nuestra fe, se hace mas viva, mas activa, se enriquece y toma fuerza, aumenta nuestro agradecimiento al Dios de la vida.

Pero adentrarse en el espíritu requiere paz interior, que no existe en este mundo consumista cada vez mas acelerado en busca de una felicidad basada en el tener, disfrutar, nuevas sensaciones, nuevos deleites, poseer, basada en la búsqueda de seguridad, el placer de la sensualidad, de la belleza física, de la satisfacción profesional, del éxito... como sea... tanto, tanto nos ofrece este mundo que nunca llegamos, la felicidad se aplaza una, otra vez, siempre. Nos consumimos, no existe otra realidad, no existe el espíritu, no existe Dios..., ¡porque si existe otra realidad no hay tiempo para ella, estamos saturados con esta!

La visión mundana no permite una visión espiritual, va contra nuestro “asentado vivir”. La evidencia material de nuestro mundo adquiere tal fuerza en nosotros que no permite otras evidencias del espíritu. Pero... la carne se muere, el espíritu no. No existe una verdadera realidad fuera del espíritu, lo demás es caduco, temporal, y como un archivo informático “.tmp”, se elimina.

Dios instaurará un mundo nuevo, definitivo, sin mal, y este nuestro mundo actual ya no existirá, dice San Juan en el Apocalipsis.

Nuestra mente en orden, viviendo con sentido común, despacio porque tengo prisa, buscando en nosotros ese “algo mas” que Dios ha puesto y no le hacemos caso, pero… poco a poco nos va abriendo caminos… impensables. Dios da luces suficientes y sobradas para ir configurando nuestra fe.