¿Como podré reaccionar ante tanta desidia? ¿Como podré convertir mi lamento en aceptación, en voluntad recia? Quiero vibrar a tu ritmo, Señor, y deshacerme de estas pegadizas justificaciones que no son más que acomodamiento al capricho

131 - ¡HASTA CUANDO ME TENDRÉ QUE SOPORTAR!

Que distante estoy, Señor, de tus caminos. Me quejo con demasiada frecuencia...: este me carga, no hay quien le soporte, estoy hasta las narices de..., quejas, quejas egoístas y comodonas. Tu no te quejabas así, mas al contrario, el sufrimiento por determinadas actitudes arrancaban de ti lamentos de dolor -que no quejas- "hasta cuando tendré que soportar a esta generación incrédula y adultera..." (MT 17, 17) por la hipocresía de muchas gentes, burlonas y descreídas con tus palabras.

Fuera quejas, fuera disculpas.

¡Hasta cuando me tendré que soportar!

Soy uno de los causantes de tu lamento: incrédulo porque no actúo siguiendo tus pasos, me miro a mí, me contemplo, cuido en exceso mi bienestar; adúltero porque no miro con rectitud lo creado por ti, me reservo demasiado. Ni siquiera miro con mirada limpia a los que me has puesto al lado, agudizo la atención en cuanto interesa a mi egoísmo, no miro en su interior para comprender su sufrimiento, como tú haces, Señor.

¡Hasta cuando me tendré que soportar!

No soy nada y vengo a quejarme en tu presencia, ante ti, que has padecido por mí infinitamente más. La ignorancia no me permite ser consciente y sensible al espíritu de las bienaventuranzas.

Aparentemente me esfuerzo en superar estas miserias pero sin ganas, sin fe, como si estuviera atrapado por un mundo gelatinoso y carente de vida. ¿Como podré reaccionar ante tanta desidia? ¿Como podré convertir mi lamento en aceptación, en voluntad recia? Quiero vibrar a tu ritmo, Señor, y deshacerme de estas pegadizas justificaciones que no son más que acomodamiento al capricho, no querer entender que has venido al mundo para encender en llamas nuestros corazones, en llamas de amor purificador de nuestros actos impuros, indignos de ti.

¡Hasta cuando me tienes que soportar!

Voy a intentar -otra vez- hacer muy corto este tiempo abúlico, con todo mi esfuerzo en dar un salto de calidad y llegar a percibir con más claridad la entrega que me pides. Salir de mí, de mis caprichos y comodidades y entrar en ti. Ser un auténtico cristiano, desprendido y valiente en un mundo pegadizo y lleno de tentáculos, descortés con la verdad, inconsciente de que "pan para hoy es hambre para mañana" y egoísta con nuestros semejantes. Y… todo lo puedo si tú ayudas mi torpe flojedad.