Nada está predestinado, Dios respeta y custodia nuestra libre decisión, el destino está en nuestras manos, no podemos echar balones fuera.

129 - SI ALGO PUEDE IR MAL, IRÁ MAL   ¿?

Máxima repetida hasta la saciedad en un mundo sin fe ni esperanza en Dios, con fe solo en si mismo, pero incapaz de dominar las potencias naturales y anclado en el fatalismo, en el temor, en la superstición, en el camino inexorable hacia ninguna parte.

El orgullo propio nos lleva a ese tipo de expresiones, pero si salimos de nosotros mismos y pensamos en otros, sentiríamos el calor de no estar solos, y podríamos decir:

"Si algo puede ir mal para unos, puede ir bien para otros".

Cambia sustancialmente, hay esperanza, puede haber solidaridad y fraternidad en las desgracias propias o ajenas, puede haber generosidad y justicia en la distribución de los bienes de este mundo. Estaríamos hablando de otro mundo diferente, de un mundo mejor, más humano, más cercano al espíritu que ennoblece nuestros instintos de conservación, egoístas y miopes por naturaleza.

Nada está predestinado, Dios respeta y custodia nuestra libre decisión, el destino está en nuestras manos, no podemos echar balones fuera. Culpar al destino de nuestros malos actos, no admitir reveses a nuestro bienestar, ponernos por delante de los demás, pensando en nosotros mismos: ¡los demás que se las arreglen como puedan!..., esta actitud crea un mundo deshumanizado, y así no salió de las manos de Dios, somos nosotros los que lo corrompemos con nuestra obstinación de no reconocer y aceptar la Verdad.

Compartir nuestros bienes materiales, más importante aun, compartir nuestros bienes espirituales, dar de lo que llevamos dentro, de lo que brota de nuestro espíritu, de lo que Jesús nos ha dado y nos da -Pedro no tenía nada, y daba lo que había recibido de Jesús, curando a un paralítico-. Esta es la verdadera razón de nuestro existir, si no, pasaremos por la vida como un vegetal, más aun, como un vegetal que no da frutos: crece, muere y... nadie se acuerda de el. No podemos "vegetar", debemos hacer sublime nuestro existir con el espíritu que eleva la vida material a alturas insospechadas.

Pensar que aunque algo pueda ir mal, irá bien, porque pondremos todo el empeño en ello y Dios hace que "todo sea para bien" aunque aparente un profundo fracaso personal. Todo son ganancias para nuestro espíritu que se purifica y fortalece en la lucha, en el entrenamiento diario por vencer el mal, nuestro mal carácter, nuestras malas inclinaciones, egoísmos y deslealtades..., por poner en su sitio los instintos de la carne corruptible sometidos por un espíritu incorruptible que Dios ha puesto en nuestra alma.

Esa es la tarea de los que no nos resignamos a ser esclavos de la carne, de las modas sin otra moral que el disfrute del dinero que todo lo puede y… pavonea nuestro “ego”.