104 - ¿QUE ELEGIREMOS EN MEDIO DE TANTAS OFERTAS DE FELICIDAD?

 

 

  

            La libertad del ser humano nos lleva a elegir el camino que personalmente queremos para nuestra vida, y todas aquellas cosas que llevaremos con nosotros en ese caminar. Las opciones son infinitas y según la ruta elegida, necesitaremos muchas cosas, pocas cosas o ninguna, pero, si tenemos que ir al "supermercado" debemos saber antes lo que necesitamos.

            Allí no encontraremos un "departamento de opciones fundamentales", no, iremos con la idea básica de sacar el máximo provecho para Dios al talento recibido. No debemos ser reduccionistas y enterrar el talento por no complicarnos la vida, lo podemos hacer rendir inteligentemente y, para ello, hacer las “compras” adecuadas.

            Una vaca no tiene que meditar sobre su destino, pero una persona si. Sartre decía que "estamos condenados a la libertad, desnortados en un océano indeterminado". Hoy se diría que estamos saturados de ofertas de “felicidad” sin tener claro qué necesitamos, y si no nos dominamos, acabaremos convertidos en consumistas irremisiblemente, pues se nos va la mano hacia lo más llamativo, lo que deleita nuestros sentidos, lo que alaba nuestro ego... Sin apenas darnos cuenta, aturdimos nuestra mente, la drogamos con tantas ofertas de placer a nuestro alcance, le quitamos capacidad de elección, nos dejamos llevar por los demás, actuamos por rutina... nos "desnortamos".

            La mente es succionada por manipuladores debido a la falta de coherencia en la búsqueda del bien verdadero. Nos volvemos como un robot, sin capacidad de decisión. Y así transcurre nuestra vida, totalmente mediatizada. En el “supermercado del consumismo” cambian el significado de las palabras felicidad y amor, y vivimos convencidos de ser felices y de poseer el amor.

            Es alienante, pues ese camino nos impediría vivir la verdadera esencia de la felicidad y el amor en nuestro ser, que ha recibido una capacidad tremenda de volar como las águilas, mirando al sol en busca de lo infinito, mirando cara a cara a Dios en busca de la verdadera y eterna felicidad.

            Entonces, ¿Cual es la verdadera felicidad?

            De lo que sí estoy seguro es que no se adquiere en un supermercado ni nadie la tiene en su mano para darla o venderla a su antojo.  La felicidad, para mí,  es un estado profundo del alma que vibra al unísono con la naturaleza creada, con Dios. No es una sensación de bienestar material, corporal o psicológico, sería muy reduccionista este planteamiento, sería como la felicidad de un perrillo juguetón contento con su amo. Tampoco seríamos verdaderamente felices con una vida sin dificultades, la felicidad sin dificultades no existe y…. por desgracia mucha gente busca algo que no existe.

            Yo soy optimista, aunque el optimismo tiene mala fama y no esté de moda, mas bien, lo que está de moda es quejarse, el descontento, protestar por todo, en fin, ver dificultades por todos lados. Pero a pesar de las dificultades, yo diría que gracias a las dificultades, uno llega a ser optimista por el solo hecho de lograr vencerlas, pues nada logrado sin esfuerzo llega a ser consistente, no llena, no da felicidad duradera. Busco la felicidad en esta vida, y sé que puedo conseguirla, sé que buscando a Dios a través de mis hermanos los hombres y mujeres que sufren, la encontraré. La felicidad es consecuencia del amor, don de Dios que nos da vida.

            Pero no hay que recibir este don como una dependencia de Dios limitante de nuestra libertad, no, Dios nos hace felices como el mejor padre del mundo haría feliz a su hijo. Si somos escépticos, aparece la infelicidad, fruto del daño que nos hacemos a nosotros mismos o del daño que viene de fuera, del mal. Sabemos que nadie nos puede hacer daño si no lo consentimos, ni el mal puede entrar en nuestro interior si no lo dejamos, por eso, nosotros somos los principales culpables de nuestra infelicidad. Vivir infeliz es no vivir, y yo, al menos pretendo morir viviendo.

            Insisto, soy optimista y llegará un momento en que todos verán la vida de manera optimista, y desearán el bien y la felicidad en este mundo, en cada uno de los hombres y mujeres con los que convivimos, transmitiéndoles nuestra felicidad, la que Dios nos da.