3- EL TIEMPO, UN BIEN ESCASO: DECÁLOGO PARA SU PROTECCIÓN

 

Hoy día las cosas se hacen en menos tiempo que nunca: los ordenadores van mas rápidos, con los móviles estamos comunicados instantáneamente, todo se fabrica en menos tiempo, se produce más y en menos tiempo que antes, etc. Sin embargo, "cada vez tenemos menos tiempo". ¿A que se debe?.

Parece un contrasentido, deberíamos disponer de mucho más tiempo para todo y tomarnos la vida con más calma. Pero ocurre lo contrario, cada vez vamos más deprisa, estamos más estresados y con la sensación de que no llegamos a hacer las cosas a tiempo.

En primer lugar yo creo que "no vivimos el presente, vivimos en un continuo futuro inmediato", que nunca llega, que parece que está a punto de llegar y cuando llega pasa en la práctica directamente a ser pasado, ya ha perdido todo interés para nosotros puesto que es pasado, y el pasado es historia. Así seguimos la dinámica: siempre deseando hacer cosas  para, una vez hechas, desear hacer otras y después otras y... terminamos como la mayoría de personas de hoy, con estrés y ansiedad galopante.

Por eso he puesto en primer lugar "no vivimos el presente". Este presente, el que tenemos ahora, es el momento más importante de nuestra vida. No tenemos otro, puesto que el pasado ya no volverá y el futuro puede que no llegue, quien sabe, puede que una vida acabe en cuanto pase este presente. Solo Dios lo sabe.

Entonces, tenemos que aprovechar este presente "a tope", vivirlo a fondo, como si fuera el único, lo único que tenemos: nuestro presente, el de cada uno de nosotros. Hay que vivirlo sin prisa, tomándonos el tiempo necesario para que este momento único sea una realidad.

- En segundo lugar yo diría que como "nuestro mundo lo llevamos dentro", y sin embargo nos hacemos dependientes y a veces esclavos de un mundo exterior ajeno a nuestro mundo interior, nos convertimos en consumidores de tiempo, que entregamos a ese voraz mundo exterior a cambio de entretenimientos efímeros y banales que en nada enriquecen nuestro interior. No tenemos colocado el “filtro” que solo deje penetrar en nuestro mundo interior lo realmente valioso para nosotros, protegiéndolo de intrusos perjudiciales. Consumiendo tiempo, colapsan nuestra actividad, dándonos la sensación de falta de tiempo, de no llegar, y al final el estrés.

- En tercer lugar: a veces "no valoramos oportunidades o circunstancias importantes para nuestra vida", por esa falta de tiempo para sopesarlas en su momento, y cuando ya han pasado, puede ocurrir que las necesitemos y las busquemos afanosamente sin darnos cuenta que ya han pasado para nosotros y que probablemente nunca se vuelvan a repetir, nunca vuelvan a pasar.

- En cuarto lugar, sucede que a veces "ponemos nuestro afán en lo que no es esencial para nuestra vida". Es decir, en cosas que solo son “medios” para conseguir otras que sí son esenciales. Podemos llenarnos de cosas que en su momento nos han costado trabajo, esfuerzo, sacrificios, sortear infinidad de obstáculos para conseguirlas y después pierden interés y pasan a formar parte del montón de “objetos e ideas” en desuso y experiencias que de nada han servido, pero nos han acelerado la vida, quitándonos el tiempo.

Hemos descuidado lo esencial y llegará un momento que nos será necesario y no lo tendremos.

Vales tanto cuanto tienes, cuanto tienes de lo que nadie te puede arrebatar, de lo esencial, de lo que te da todo el tiempo del mundo para vivirlo sin robarte un ápice.

- En quinto lugar, nos falta tiempo cuando "deseamos tener más cosas en la vida, y lo que importa es tener más vida y menos cosas", es decir, "la cuestión no es tener más, sino, necesitar menos", en palabras de la Madre Teresa.

Cuando te das a la vida, posees vida y dejas el deseo de poseer cosas. No merece la pena quedarse atrás en la vida por cuatro cosas que no valen ni media.

Cuanto más tienes, más tiempo te reclaman tus objetos, propiedades y vanidades para seguir poseyéndolas y mantener tu aparente dominio sobre ellas. Disponen de tu vida, te utilizan, te absorben, te obsesionan, no te deja vivir el miedo de perderlas porque te hacen creer que no puedes vivir sin ellas, cuando la realidad es que no vives porque ellas te roban la vida, tu vida.

- En sexto lugar, "vivimos en la inseguridad del futuro". Vivimos como si nos estuviéramos instalando en este mundo para siempre y nunca fuésemos a morir, pensando en asegurar nuestro futuro de forma definitiva, a veces a costa de un presente precario. Ese futuro parece que nunca llega, y sin darnos cuenta se nos acaba el tiempo. Se puede decir que vivimos en la "utopía"  de "un mundo feliz" que nunca llega, y sin embargo se nos pasa el "mundo real" que es nuestra propia vida, nuestra única vida.

Pretendemos asegurar el futuro, y nos obsesionamos tanto que a veces perdemos el presente.

- En séptimo lugar, "nos miramos demasiado a nosotros mismos", vivimos en función de la imagen que creemos proyectar a los demás, y esa actitud nos hace ser dependientes de otras personas, de su apreciación sobre nosotros, y llegan a corroer nuestro "ego" ideas como ¿Qué piensan los demás de mi?, ¿les caigo bien?, ¿cuanto me quieren?.

Podemos amar a todos, pero no que todos nos amen, podemos mostrar nuestra bondad hacia otras personas, pero si esperamos reciprocidad, nos equivocaremos a menudo. Los más, se reirán de nosotros. Los que de verdad nos quieren, nos harán bajar a la realidad, y esta es la absoluta perdida de tiempo que supone estar contemplándose uno a sí mismo desde el exterior, desde la perspectiva de los demás, cuando debemos contemplarnos desde y en nuestro interior: tiene mucho más interés que nuestras apariencias externas.

Necesitamos un corazón limpio, lleno de afectos rectos, vacío de los desórdenes que introduce el "yo" desorbitado.

"Ahora, mientras te dedicas al mal, llegas a considerarte bueno, porque no te tomas la molestia de mirarte. Reprendes a los otros y no te fijas en ti mismo. Acusas a los demás y tú no te examinas. Los colocas a ellos delante de tus ojos y a ti te pones a tu espalda. Pues cuando me llegue a mí el turno de argüirte, haré todo lo contrario: te daré la vuelta y te pondré delante de ti mismo. Entonces te verás y llorarás" (San Agustín)

- En octavo lugar habría que decir: "la ilusión es el motor de nuestros actos". No hay ilusión si no hay convicciones, si no hacemos las cosas con la convicción de que en ese momento es lo mejor para nosotros, para nuestro bien, para nuestro desarrollo personal, para los nuestros.

Convencidos de la bondad de nuestro acto, nos ilusionamos en conseguir el objetivo que nos hemos propuesto y nos sobra empuje y fortaleza para llegar a buen fin. De otra manera, daríamos palos de ciego, sin ganas, sin esfuerzo y, en definitiva, perderíamos el tiempo sin lograr apenas provecho.

- En noveno lugar, tendríamos que analizar nuestra manera de "movernos en la vida": si somos activos o nos movemos en el activismo. La persona activa construye, pero si después de construir lo destruye para volver a construir otra vez, esa actividad se convierte en irracional, por falta de reflexión, por precipitación. No avanza, mejor dicho, sí avanza, pero en circulo, dando vueltas, sin ir a ninguna parte, sin un fin en la vida. Ese es el activismo. A lo sumo hacemos "cosas" o "apariencia de cosas", consumiendo ese precioso tiempo que con reflexión y sentido común podríamos emplear en "construir" nuestro destino.

- En décimo lugar, algunos caminan por la vida "perdiendo lo mejor de su tiempo porque no saben a donde ir". No saben buscar el camino que conduce al bien del espíritu, y andan despistados por las sendas de los bienes materiales que no sacian el espíritu, mas bien, lo alienan y eliminan. Pueden terminar viviendo como devoradores y consumistas consumados de todo lo que la industria del marketing promociona, porque como dice el refrán "vive como piensas o acabarás pensando como vives". Desconocen el sentido humano del espíritu, los nobles ideales del alma, y ceden a la tentación de las ideologías del hedonismo, del odio y de la violencia, que degradan al hombre, rebajándolo de ser humano a ser inhumano, guiado por sus bajos instintos.

No saben a donde ir, y pueden terminar así o puede que el destino les ponga delante el camino de la verdad y tomar esa senda. El tiempo perdido se puede recuperar, nunca es tarde.