25- EL BUEN PASTOR

 

Me enternece y me llena de confianza y seguridad contemplar la imagen del Buen Pastor, que deja las 99 ovejas para buscar a la descarriada, y no para hasta encontrarla. Mi Dios es un autentico Padre y Madre y Hermano mayor y Amigo en quien confiar. Si yo me descarrío, no duda en venir a buscarme, consolarme y perdonarme, aunque esté muy ocupado cuidando a su grey, las deja en lugar seguro y acude en mi búsqueda hasta que me encuentra, me cura, me pone sobre sus hombros y vuelve silbando alegre. Me pone suavemente con el rebaño y nos lleva a nuevos pastos, pero a mi me observa y cuida hasta que me reponga del todo. Lo mismo hace con cualquier otra oveja que se descarríe por cabezota como yo, o por descuido, o se pierde por otra senda que no es la de nuestro Pastor, por curiosear, por hacer caso de lobos con piel de oveja que la engañan, por dudar de nuestro Pastor y no seguir su camino...; también puede enfermar y entonces nuestro Pastor la cuida con cariño y ternura hasta que se cura.

Es una imagen muy actual. En esta era de la informática y la comunicación, existen muchos que quieren pastorearnos, que seamos rebaño dócil y manejable, dominarnos para sus intereses. Solo uno es el Buen Pastor. ¿En que se distingue de los demás?.

En primer lugar, nos llama por nuestro nombre, sin publicidad ni reclamos engañosos, con suavidad y delicadeza, en nuestro interior, en nuestra intimidad, sin ruido mundano.

En segundo lugar, conocemos su voz si la escuchamos con atención. Su voz es suave, nos ofrece amor, amor eterno. Nos ofrece comprensión y ternura. Nos promete felicidad, para siempre.

 En tercer lugar, no nos pide nada a cambio, ni dinero, ni cosas perecederas que de nada valen, nos pide solo fidelidad y amor.

¿Quien puede darnos lo mejor?, quien mejor nos conoce, porque nos ha creado como Él, a su imagen, a cada uno con su peculiaridad, sabiendo en qué nos ha hecho mas débiles, porque lo ha hecho a posta, para que acudamos a El y poder ayudarnos, para que no nos hagamos soberbios y seamos humildes, porque en los corazones humildes "Él sabe que tiene sitio".

 

Sé que me quieres infinitamente más de lo que yo te quiero, porque Tú, mi Dios, eres bueno, con independencia de que yo lo sea.

El Amor que me tienes se debe a Tu infinita gracia y ternura hacia las criaturas, a Tu ilimitada misericordia.

No se debe a la bondad de mis acciones, pues estas no son el precio de Tu amor; quieren ser una respuesta a esta ternura inefable, a este Amor plenamente incondicional.

No se si soy bueno, pero en las pruebas que me envías intento torpemente demostrarte mi bondad, adoptando decisiones que te agraden, porque sé que tu alegría es proporcional al amor que me tienes.

Por mucho que desee amarte, mi amor será nada o casi nada.

Soy una inutilidad, muy flojo y muchas veces te fallo, por eso no me considero merecedor de tu cariño, aunque, tú siempre me perdonas y me animas a seguir.

Si hago las cosas rematadamente mal, sé que tú valoras el intento.

Si he quedado contigo en hacer una buena acción y todo se reduce a acordarme que no la he hecho, sé que me miras con cariño y te agrada, aunque solo sea ese mínimo detalle de acordarme que te he fallado.

Siempre estás conmigo, aunque yo esté lejos de ti.

Se que en todo momento estás esperando un pensamiento, la más mínima mirada hacia ti. Y yo despistado, sin enterarme.

Señor ¿no te cansarás de mi?, ¿de mi falta de constancia?, ¿de mis infidelidades?; soy un despojo, un siervo menos que inútil.

Quiero corresponder al Amor con amor, en medio de las contrariedades que permites y no comprendo, pero acepto porque vienen de ti.

Me han dicho, Señor, que te apoyas en dos carriles (como el tren), nuestras buenas obras y nuestros defectos.

Muchas veces soy cobarde y escurro el bulto, otras me hago el valiente y acierto o meto la pata.

Pongo toda mi buena voluntad aunque esta sea débil e inestable, como la de un niño, pero, Señor, ¡¡ no quiero perderte !!, no quiero que te canses de mí, ten paciencia con mi poquedad y torpeza.

Se que eres bondadoso, misericordioso y justo: bondad y misericordia infinitas, y Tú quien me juzgará en el último día, ¡Jesús!.