23- VOCACIÓN

 

No estamos en esta vida por casualidad. Dios nos ha creado y nos ha hecho nacer a la vida en una época determinada de la historia y en un lugar concreto. Ahí tenemos que descubrir este misterio, descubrir para qué hemos sido creados, descubrir nuestra “vocación”.

El mundo nos sugiere múltiples caminos, más o menos alejados de los caminos de Dios. El maligno nos sugiere unos, Dios otros, ambos son opuestos. Los unos son evocadores y placenteros, los otros exigentes. Unos entran por los sentidos de la carne y mueven nuestros instintos y pasiones, ofuscando el corazón y cerrándonos al espíritu hasta terminar destruyéndolo en nosotros. Las mociones que proceden de Dios van a lo más profundo del alma y a lo más noble de nuestro ser, nos llama a corredimir con Él, dándonos a los demás, desprendiéndonos de nuestro yo.

Dios llamó a Sta. María y a Simón y a Andrés y a ti y a mí, y a todos los hombres de buena voluntad... el tren que lleva un destino eterno pasa y podemos cogerlo o no, es nuestra oportunidad, es nuestra vocación. Podemos cogerlo en cualquier momento a lo largo de nuestra vida, pero está ahí, nos llama, no perdamos el tiempo en banalidades no sea que de improviso arranque y lo perdamos para siempre.

A mí, el Espíritu Santo me hizo ver en mi tierna infancia la necesidad de seguir los caminos rectos, siendo una persona "normal", con mi familia, amigos y circunstancias sociales, pero poniendo a Dios en todos mis afanes, "llevándolo conmigo por todos los caminos de este mundo". Me sentía mucho más seguro con Él que con los ideales que pululaban por doquier y que no satisfacían mis ansias de buscar la Verdad y seguir sus pasos.

Hay que elegir. Dios nos llama, el demonio nos tienta para apartarnos del camino hacia Él. En la religión cristiana, Dios va a la búsqueda de los hombres, en las demás es el hombre quien busca a Dios. Él me eligió, y yo he percibido a lo lejos su llamada procurando contestarle y entablar un dialogo con mi Señor.

Con 18 años, encontré el camino que me pedía; ya estaba hecho, yo solo tenia que seguirlo y dejarme formar en él. Todo fue providencial, con independencia de lo imperfecto de mi respuesta. Dios iba en mí y yo con Él, dando pasos torpes, como un niño pequeño, ingenuo, con todo por recorrer, pero con ilusión y una osadía fruto de mi  ignorancia e inmadurez. Esta llamada llena mis ansias de entrega a Dios y transforma mi vida por completo. Todo lo invade, todo lo pide, que dejemos las redes, para siempre. Esto es la vocación.

"Se debe honrar a los padres, pero a Dios se le debe obedecer. Hay que amar al que nos engendró, pero hay que dar el primer lugar al que nos creó" (San Agustín). En toda vocación hay una llamada y una respuesta: "la tierra y el paraíso esperan tu sí, ¡oh! Virgen Purísima", (San Bernardo).

El que es llamado tiene que estar dispuesto a renunciar a todo lo propio para entregarse a Dios y hacerse así todo para todos. La vocación no es tanto la elección que nosotros hacemos, como aquella que Dios ha hecho de nosotros a través de mil circunstancias que es necesario saber interpretar con fe y con un corazón limpio y recto.No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros”. "Dios nos llamó con vocación santa, no en virtud de nuestras obras, sino en virtud de su designio", comenta San Pablo.

El sí a Jesús me lleva a no pensar demasiado en mí y a estar atento, con el corazón vigilante, a la voz del Señor que me señala el camino que Él traza a los suyos. Hay que superar el temor que produce una llamada para acceder a una responsabilidad madura: hay que aceptar la llamada, escucharla, asumirla, ponderarla según nuestras luces, y responder sí, sí. “No temas a la vida, no temas tu maternidad, no temas tu matrimonio, no temas tu sacerdocio, pues has hallado la gracia”. Esto es perseverar en la propia vocación: responder a las sucesivas llamadas que el Señor hace a lo largo de una vida.