20- LOS APEGOS.

 

 

¿Como vivir el desprendimiento si las cosas de este mundo se me pegan?. Soy de carne y hueso y tengo los sentidos muy despiertos: la comodidad, las situaciones placenteras, el consumismo, el "me gusta", "me apetece"... ¿aun no tienes esto? y se me quedan mirando las dos "gilis" de la tele... se me pone una cara de culpable, de idiota... que no me entero, no estoy al loro... este mundo es de otros.

 

El pecado de Adán, heredado por la especie humana, nos arrastró a bajezas que nos pegaron a las cosas terrenas, haciendo de ellas en muchos casos "fines en sí mismos" en vez de "medios" para fines mas elevados, trastocando así el sentido de los bienes de este mundo. Estos "apegos" se hacen notar en aquellas cosas, a veces muy sutiles e insignificantes que nos tienen "atados" de tal manera que "no podemos prescindir de ellas", y en la vida diaria, influyen de manera decisiva en nuestra conducta.

 

Si nuestro corazón lo tenemos puesto en cosas de este mundo, los apegos serán la base de nuestra ideología materialista: el dinero, el poder, el placer, el bienestar material, el hedonismo, el éxito, el culto a la inteligencia, el desprecio de los menos favorecidos, etc. Es el camino que recorren gente sin fe, personas que no conocen a Dios o que, sabiendo que existe y nos ha creado, están muy cómodas en su postura de "vivir la vida como si Dios no existiera" pues es molesto para ellas. Están "apegadas" a cosas mundanas, sin importarles la vida después de la muerte.

 

Para nosotros los creyentes, que esperamos en Dios y en su promesa de Vida Eterna, y que intentamos despegarnos de las cosas de este mundo para ir más ligeros de peso al encuentro definitivo con nuestro Dios, los apegos son más sutiles. Son pequeñas ataduras que no nos dejan despegar del todo, pues parecen de poca importancia, faltas habituales de templanza, falta de dominio del carácter, pequeñas concesiones en este capricho, en aquella mirada, en complacencias de nuestra vanidad, de nuestro orgullo, de sensualidad... Hay aspectos en nuestra lucha diaria, que nos cuesta menos tener a ralla, pero hay otros que se resisten, se nos hacen invencibles determinadas malas inclinaciones que achacamos a nuestro carácter, a nuestra educación, al ambiente, a condiciones de nuestro trabajo… pero sin embargo, a nada que hagamos un profundo examen de conciencia, más se debe a que esos pequeños hilos que nos atan, suponen afectos que en el fondo "no queremos romper". Estos afectos son como pequeñas complacencias, ceder en menudencias… no les queremos dar importancia pero son los que impiden nuestra virtud, o al menos la socavan.

 

En palabras de San Josemaría, leemos: "Hemos de convencernos de que el mayor enemigo de la roca no es el pico o el hacha, ni el golpe de cualquier otro instrumento, por contundente que sea: es esa agua menuda, que se mete, gota a gota, entre las grietas de la peña, hasta arruinar su estructura". Tenemos que ser valientes, a veces heroicos, para cortar definitivamente esos finos hilos que uno a uno, no son nada, pero en conjunto es como la tela de araña de la que no nos podemos liberar. ¡Guardar el corazón! Porque, el corazón tiende a apegarse desordenadamente a personas y a cosas.

 

"Si tu ojo derecho te escandalizare..., ¡arráncalo y tíralo lejos! -¡Pobre corazón, que es el que te escandaliza!. Apriétalo, estrújalo entre tus manos: no le des consuelos. Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: Corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz!" -San Josemaría-