19- LOS BIENES MATERIALES

 

He procurado plantear mi vida en la búsqueda del "ser" y no del "tener", sin embargo, reconozco que son imprescindibles unos mínimos medios materiales para vivir la virtud. Nuestro Señor no tenia nada, ni un lugar donde reclinar su cabeza, pero sí tenia con los apóstoles una mínima organización, los indispensables medios económicos -que administraba Judas- para facilitar la labor apostólica y la vida de familia y comunidad entre Jesús sus discípulos y las personas que les acompañaban.

El hombre "labora" por encargo divino y crea medios necesarios para su sustento y el de su familia. Pero el afán de tener nos llena de cosas superfluas. Tengo que estar desprendido de ellas, incluso de las cosas necesarias; tengo que tener el espíritu de pobreza que Jesús proclama en las bienaventuranzas. "Aferrarse a las cosas de aquí abajo, cuando hay que dejarlas tan pronto, sería un grave error". No se puede conciliar el amor a Dios, el seguirle de cerca, y el apegamiento a los bienes materiales: en un mismo corazón no caben esos dos amores.

El Reino de Dios no tiene precio, y sin embargo, cuesta exactamente lo que tengas... a Pedro y Andrés les costó el abandono de una barca y unas redes, a la viuda le costó dos moneditas, a otro un vaso de agua fresca... La pobreza no consiste en no tener bienes materiales, sino en no necesitar de estos bienes, en ser desprendidos y generosos en la caridad, que se manifieste en nuestra vida y nuestras obras, haciendo un buen uso de lo poco o mucho que tengamos. Este buen uso de las cosas materiales nos lleva a la austeridad, que tiene múltiples aplicaciones en la vida diaria (al menos en la mía):

- comer sin capricho.

- cuidar la ropa y en general todo lo que usamos.

- utilizar transporte público en vez de coche cuando se pueda.

- no tener cosas por ostentación.

- ser parcos en las necesidades.

- ser prácticos en las compras, adquirir solo lo que se va a usar.

- cuidar las cosas ajenas como si fueran de uno.

- controlar el gasto en bares y restaurantes (cuesta más que en casa).

- dar ejemplo de moderación, sobre todo a los hijos.

- aceptar la falta de medios.

- aceptar las carencias personales.

Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo que pasa de ahí, es agobio, no alivio; apesadumbra, en vez de levantar. El Señor le dice a Marta: te afanas en muchas cosas, cuando solo una es necesaria..., hay que cuidar con diligencia de las cosas del Señor, pero sin olvidar al Señor de las cosas. Una manifestación de que nos sentimos señores del mundo, administradores fieles de Dios (pues nada de lo que tenemos es nuestro), es cuidar lo que usamos, con interés en que se conserve, en que dure, en que luzca, en que sirva el mayor tiempo posible para su finalidad, de manera que no se eche a perder. Y si vivimos en penuria, entonces somos los predilectos de Jesús, el mundo es nuestro porque Dios nos lo ha dado, pero nada nos ata a él, nada poseemos, nada añoramos, nuestra libertad es la libertad de los Hijos de Dios, de los desheredados de este mundo.

"No es rico el que tiene, sino, el que está apegado a ello".

"No es pobre el que no tiene, sino, el que no necesita".