15- DAR LO MEJOR DE MÍ

 

 

 

Cuando era joven mi padre me decía: "Lo bueno está en el término medio”, y en muchos casos es cierto, pero cuando uno descubre un "tesoro", no caben términos medios. Debo ser "mesurado" en las relaciones sociales, profesionales, …, pero debo "darme" del todo en mi relación con Dios y con los demás por Dios; si no, caería en "ni frío ni caliente", en falta de verdadera caridad, en apatía con lo verdaderamente importante, en la "mediocridad".

 

Y, ¿que puedo entregar yo a Dios?: Pues todo lo bueno que Él me ha dado. Es seguro que algo bueno hay en mí, aunque quizás yo no me dé cuenta y tenga que empezar por descubrirlo. No me puedo engañar, no sirve la falsa humildad de considerarme un "inútil"; eso es no querer asumir el "bien" que puedo hacer a otras personas. No debo "atarme" los pies para caminar.

 

En realidad soy muy inútil para muchas cosas, pero para algunas soy útil y tengo que reconocer las cualidades que Dios me ha dado en esos aspectos y así "poner la carne en el asador" para que fructifiquen en bien mío y de los que conmigo caminan. En mis ratos de oración con Dios el Espíritu Santo me ayudará a ver como, gracias a esas cualidades, puedo mejorar la relación con mi familia, con los demás, personalmente, etc. El desanimo llega cuando percibo en la práctica mi mediocridad y flojera. Entonces entra en juego el maligno y me ata más a mis miserias, bajándome la autoestima e impidiéndome sacar adelante los propósitos de lucha.

 

Sin vanagloriarme, podría decir de mí que sé escuchar -aunque a veces se me va la mente y estoy ajeno a lo que me dicen-, que hablo con tranquilidad y normalmente no me exalto, que no dogmatizo y dialogo, que soy asequible y "bien mandado". Creo que soy generoso -doy de lo que tengo, comparto- y pocas cosas más se podrían decir de mí que tengan interés; en resumen, que soy "buenecito", aunque eso no vale para nada o para casi nada. ¿Que se puede sacar de aquí?, poca cosa, pero si Dios pone el resto, entonces se podrían sacar maravillas.

 

Y para mi felicidad, así es. Dios pone el resto, yo solo tengo que "sembrar" esos pequeños  detalles de cariño, afabilidad, la palabra oportuna, el buen ejemplo... Nunca sabré lo que Dios puede hacer en esa alma, en ese instante, con motivo de esa pequeña aportación mía... Dios escribe maravillas hasta con la pata de una mesa, pero esa pata tiene que, al menos, estar dispuesta a ello, dejarse llevar, entregarse total y confiadamente en las manos prodigiosas del gran artista que es Dios. Siempre me quedará la profunda alegría de haber  servido de instrumento a Dios para llegar a un alma que se ha cruzado conmigo.