10- NUESTRO PASADO: UNA PESADA LOSA

 

Nuestro pasado es historia, ya no se repetirá nunca. Solo nosotros conocemos las luces y sombras de esa personal historia. Solo nosotros podemos darle el enfoque adecuado a nuestro pasado de manera que sea un "trampolín" para el futuro o una "pesada losa" que nos impide subir, nos hunde y nos ata con gruesas cadenas.

Hay que caminar por la vida ligeros de peso para poder avanzar más, arrojando lejos de nosotros esas lacras del pasado que perturban nuestro presente. No quiero ser el que era, quiero ser el que soy.

Pero hay sucesos del pasado que dejan huellas difíciles de borrar. Son una carga de la que no podemos desprendernos con facilidad, afectan demasiado a nuestra vida. Solo con la ayuda de Dios podremos sobrellevarlas y esperar superarlas con el tiempo. No nos deben quitar la paz interior si hemos hecho en su momento lo posible para evitarlo o solucionarlo, si son hechos que no dependen de nosotros, sino de la libre decisión de otras personas. Deshacerse de ciertos recuerdos supone también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar.

Yo, con una familia destrozada por personas ajenas, no tengo la fortaleza interior necesaria para cargar con la responsabilidad de no haber podido asegurar una paz y concordia familiar. Paz y concordia que depende de muchas personas, para las que una actitud o decisión mía será interpretada de muy diversas formas, atribuyéndole diferentes intenciones. ¡¡ Es demasiado peso !!. La paz proviene del respeto a las diferencias y la aceptación de las mismas, de no creerse en posesión de la verdad y de no querer interpretar intenciones ajenas -no juzguéis y no seréis juzgados-.

Los caminos de Dios son inescrutables.

La época más decisiva de mi vida ha sido mi juventud: el descubrimiento del espíritu, la ciencia, el arte, la amistad, los ideales. Allí he visto mi vocación, he iniciado en ella mis balbuceos. Ha sido una época de formación de mi persona como caminante por este mundo, como profesional, como futuro padre de familia. El pasado no debe tirar por nosotros hacia abajo, mas al contrario, debe hacernos crecer.

Tengo que convencerme de que mi presente es lo suficientemente importante, intenso y amplio como para no tener ni un segundo para pensar en el pasado, y que la única forma de mejorarlo es centrarme en él y vivirlo con intensidad. Nuestro presente es fruto del pasado pero tiene su destino en el futuro, con la vista puesta en esa meta, sin volverla hacia un pasado que ya no puede cambiar. Hay que superar el pasado para crear un futuro mejor, fruto de nuestra experiencia y sólidamente asentado en lo que de verdad importa: seguir los dictados de nuestra conciencia bien forjada en la confianza en Dios. Poniendo todo en sus manos, "las pesadas losas se tornarán ligeras", mi yugo es suave y mi carga ligera, incluso desaparecerán para siempre y caminaremos el resto de nuestros días con la agilidad de un joven corcel.